historia de la Enfermeria

Historia de Cruz Roja Española (Parte V) …

Publicado en abril 17, 2008. Archivado en: Apuntes, enfermeria, historia de la Enfermeria, Uncategorized | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , |

Historia de Cruz Roja Española

España en el ámbito humanitario siempre estuvo en primera línea. Así en la creación de la Cruz Roja en ningún momento dudó en su decisión, y en 1863 una representación española estuvo entre las catorce naciones que asistieron a la Primera Conferencia Internacional, y fue la séptima nación que en 1864 se adhiere al I Convenio de Ginebra.

En España la Cruz Roja se organiza bajo los auspicios de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en 1864, y es declarada “Sociedad de Utilidad Pública”. Desde entonces, los distintos gobiernos de la nación, han estado representados de una forma u otra en el seno de Cruz Roja, aunque esto no ha impedido que actúe siempre bajo los Principios que inspiran a la Institución. Su evolución ha sido siempre una constante adaptación a los problemas y a las necesidades sociales que han ido produciéndose. Solo así se puede explicar la vigencia de una organización con más de 130 años de historia.

En una primera época fiel a sus orígenes, su actuación estuvo centrada en intervenciones humanitarias en caso de conflicto armado. Así, en 1870 prestó ayuda humanitaria en la guerra franco/prusiana siendo este el primer envío de ayuda humanitaria que realiza la Cruz Roja Española y en 1872 actuaba por primera directamente en la tercera guerra carlista. En su constante adaptación a las necesidades a raíz de los conflictos bélicos en África en 1918, se produce una fuerte expansión de sus centros sanitarios, llegando a sumar cerca de 36 hospitales. En un panorama de carencias generalizadas en materia sanitaria, la red de Cruz Roja tuvo un especial significado.

Durante la guerra civil de 1936 a 1939 realizó un a importante actividad y, finalizada ésta, lleva a cabo la repatriación de los españoles que se encontraban en la URSS.

La importante experiencia adquirida durante la guerra se empleó en la intervención ante los desastres ocurridos en todo el territorio nacional. Se asistió a las víctimas de los incendios, inundaciones, accidentes de todo tipo, etc. En la década de los setenta, la Institución completó la red de Puestos de Primeros Auxilios en las carreteras españolas, que había iniciado su primera expansión en el período republicano. Fue una nueva respuesta ante el avance en las comunicaciones por carretera que produce un aumento del parque automovilístico y, consiguientemente, un aumento de los accidentes de tráfico que requieren una respuesta rápida.

También se iniciaron las tareas de socorro en el mar y en aguas interiores y el salvamento de náufragos, que a través de la Cruz Roja del Mar se convertiría en uno de los servicios más conocidos y valorados por la opinión pública. En la década de los setenta y sobre todo en los ochenta, la Cruz Roja Española dará un importante salto, crece su actividad cuantitativamente y nuevas acciones y servicios dan un nuevo sentido a la misma. A partir de 1985 se inicia una profunda reorganización con la democratización de la Institución, la potenciación de la participación de los voluntarios, la apertura hacia nuevos campos de actuación, etc.

Pero es fundamentalmente en la década de los noventa cuando se produce la gran modernización de la institución y su adaptación a los nuevos retos que planteaba la sociedad Española, por una lado la consolidación de la intervención social con los colectivos vulnerables (personas mayores, refugiados e inmigrantes, afectados de SIDA, drogodependientes, infancia y juventud, población reclusa, discapacitados, mujer en dificultad social), por otro el espectacular incremento de los programas internacionales (cooperación al desarrollo, ayuda humanitaria, cooperación institucional) que ha supuesto un importante incremento de los recursos humanos y materiales dedicados a este ámbito. Todo ello acompañado por un proceso de modernización de las estructuras y democratización y mayor autonomía que culmina con la aprobación de unos nuevos estatutos (Junio de 1997) y Reglamento General Orgánico (29 de julio de 1988).

La Cruz Roja durante la Guerra civil española

Desde los primeros días de la Guerra Civil, concretamente el 29 de julio de 1936, el comité directivo de la Cruz Roja Española fue disuelto por el Gobierno republicano y remplazado por un grupo de siete personas (Clemente, 1999). Las primeras informaciones que llegaron a la Cruz Roja en Ginebra señalaban que casi todos los prisioneros de ambos bandos habían sido ejecutados y que los médicos de ambos bandos se estaban esforzando para evitar que los heridos fuesen rematados. Enviaron, pues, al doctor Junod como delegado del CICR en Madrid.

La necesidad de conocimiento del CICR respecto a la situación de las victimas del conflicto era compartida por numerosas sociedades nacionales de la Cruz Roja, como por ejemplo Bélgica, Gran Bretaña, Francia, Portugal y Suiza, para lo que se habían dirigido a Ginebra para ofrecer ayuda a los enfermos y heridos. Paralelamente el CICR había empezado a recibir de las autoridades de Madrid y Burgos quejas y protestas de ambas partes enfrentadas (Clemente, 2004).

Con la llegada del doctor Junod, el CICR comenzó su labor. Junod pretendía obtener el cese de los fusilamientos de rehenes en uno y otro bando. Para ello se trasladó a Madrid para reunirse con el presidente de la República, José Giral y con los nuevos miembros del Comité Central de la Cruz Roja Española. De la reunión mantenida con el Comité quedaron establecidos tales objetivos (Clemente, 2004)

1. La Cruz Roja Española se comprometía a dar su apoyo a los delegados del CICR ante las autoridad de la República.

  1. Se aceptaba la ayuda de otras sociedades nacionales de la Cruz Roja.
  2. La Cruz Roja Española se hacía responsable de respetar el emblema de la Cruz Roja.

Tras aquella firma, Junod se dirige a la zona franquista para proponerles la ayuda del CICR. Cuando llega a Burgos es recibido por el general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional y por el vocal de la misma, Emilio Mola. Éstos firmaron un documento en el que se daban por enterados de los acuerdos firmados entre el gobierno de Madrid y el CICR mediante la Cruz Roja Española.

Tras aquella firma, Junod se dirige a la zona franquista para proponerles la ayuda del CICR. Cuando llega a Burgos es recibido por el general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional y por el vocal de la misma, Emilio Mola. Éstos firmaron un documento en el que se daban por enterados de los acuerdos firmados entre el gobierno de Madrid y el CICR mediante la Cruz Roja Española.

Una vez obtenidos ambos acuerdos, Junod se puso en contacto con la sede del CICR en Ginebra para poner en marcha la ayuda. Desde el CICR se gestionó la compra, expedición y el reparto del material sanitario, productos farmacéuticos, además de la correspondencia… La Cruz Roja norteamericana y la holandesa fueron las primeras en enviar donativos en metálico.

Más de diez gobiernos y más de cuarenta sociedades nacionales de la Cruz Roja enviaron, además, donativos (Clemente, 2004).

Uno de los puntos del acuerdo firmado tanto en Madrid como en Burgos era el respeto al emblema de la Cruz Roja. En ambas zonas se utilizó el emblema para proteger a instalaciones sanitarias y grupos de la Sanidad Militar. No obstante hubo momentos en los que a pesar de la utilización de este signo, se hizo caso omiso por ambas partes y se bombardearon zonas que se suponía inviolables según el acuerdo firmado por ambas partes. Es por ello que tanto una parte como otra se acusaban mutuamente de violar el convenio firmado y el emblema. La liga de Sociedades de la Cruz Roja, por su parte, hoy Federación Internacional, ofreció igualmente la adquisición de medicamentos e instrumentos quirúrgicos y aseguró su transporte, así como recogió y transmitió a Ginebra las demandas de noticias de personas residentes en España.

La Cruz Roja estableció zonas neutrales o de seguridad para dar protección a los civiles no combatientes que sufrían los continuos bombardeos (Clemente, 1999).

Ante esta situación, el CICR siempre actuó con suma cautela, aunque finalmente, en la Conferencia de Londres de 1938 lograría que se aprobase la IX Resolución a favor de la protección de la población civil contra los bombardeos aéreos.

El Comité trató desde los inicios de la guerra civil de dar respuesta a las necesidades materiales y humanitarias de la población afectada de los dos bandos. Una de las mayores obsesiones del CICR era que brillara la equidad entre ambas zonas respecto a la distribución de los suministros, no obstante, el CICR envió a la zona rebelde más ayudas sanitarias para los centros benéficos o caritativos por su mejor situación de salud alimenticia, mientras que a la zona republicana envió más alimentos pro sus necesidades al respeto.

El CIRC fijó en España 4 delegaciones: Madrid y Barcelona en la zona gubernamental y Burgos y Sevilla en la rebelde. Estas delegaciones eran las encargadas de hacer respetar el signo de la Cruz Roja, crear los servicios de búsqueda e información para los familiares de los prisioneros, enfermos o fallecidos y de distribuir, en nombre de las Sociedades Nacionales donantes, los socorros que ellas estaban dispuestas a enviar a España. El número de delegaciones fue aumentando hasta diez pero en junio de 1938 quedaran sólo dos (Clemente, 2004).

Según la revista oficial de la Cruz Roja de 1936 a 1938 se habían atendido en el bando republicano 1.329.579 heridos y enfermos, las ambulancias realizaron 2.645 salidas y se recogieron, solo en Madrid, 6.459 heridos de metralla. En mayo de 1939 el CICR tuvo la intención de cerrar sus delegaciones. Pero la Cruz Roja Española insistió en mantener dichas delegaciones en Madrid y Barcelona para que pudieran continuar ocupándose de las numerosas demandas de noticias y de las repatriaciones de los refugiados españoles. Atendiendo a estas razones, el CICR decidió mantener la delegación de Madrid hasta mediados de julio y la de Barcelona hasta septiembre del mismo año (Clemente, 2004)

La acción de la Cruz Roja Española en la actualidad

Hoy en día Cruz Roja Española es una de las organizaciones más activas del Movimiento Internacional de la Cruz Rojay de la Media Luna Roja. Según los datos de 1993 cuenta con cerca de 835 Asambleas diseminadas por todo el país, cerca de 600.000 socios,

30.000 donantes de sangre y 130.000 voluntarios. Las acciones de Cruz Roja Española son muy diversas y han ido 44 adecuándose a las necesidades que requiere una sociedad en constante evolución, así como a los cambios históricos que se han producido a nivel internacional; sin perder las señas de identidad que le dieron origen. Esto se traduce en una institución dinámica y actual, con mayor presencia social y una más alta eficiencia en actividades de solidaridad.

Hacia los Grupos Más Vulnerables.

Personas mayores. Refugiados y extranjeros. Toxicómanos. Enfermos y afectados de SIDA. Población reclusa Infancia y juventud marginada Programa de lucha contra la pobreza

Hacia la Población en General.

La Acción socio-sanitaria. Socorros y emergencias. Protección ambiental. Búsquedas de personas desaparecidas.

Sensibilización de la Población.

La Paz y el Derecho Internacional Humanitario. Derechos Humanos.

Tercer Mundo.
La protección del medio ambiente.

La Cooperación con el Tercer Mundo.

Ayuda de emergencia.
Rehabilitación y prevención.
Cooperación al desarrollo.

Los Recursos Humanos de la Cruz Roja Española.

Voluntarios.
Socios.
Cruz Roja Juventud.

La cruz roja en cifras

DATOS GENERALES

Oficinas autonómicas 17
Oficinas Provinciales 52
Oficinas locales, comárcales e insulares 831
Hospitales 15
Bancos de sangre 4
Centros de reconocimiento médico 23
Bases y puestos de primeros auxilios 931
Tierra 879
Mar 52
Escuelas universitarias de enfermería 5
45
Centros de formación profesional sanitaria, primaria y secundaria 9
Escuelas de auxiliares sanitarios voluntarios 15
Pisos tutelados mayores 19
Centros acogida inmigrantes/extranjeros 4
Pisos de reinserción de toxicómanos 3
Casas de acogida para enfermos de SIDA 5
Unidades dependientes para reclusos 2
Residencias de ancianos 5
Centros de día talleres para infancia y juventud 4
Pisos de acogida para menores 3
Guarderías 7
Centro de emergencia social para drogodependientes 3
Centros de acogida para mujeres maltratadas 5
Centros de día para personas mayores 22
Centros ambulatorios de atención a toxicómanos 26

Bibliografía

Enfermería fundamental – Masson Master de Enfermería Fundamentos de enfermería – Potter Perry Curso de nivelación de ATS – UNED Área 2 Cruz Roja y Media Luna Roja – Michel Pollard

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F. de Enfermería (IV) La Media Luna Roja…

Publicado en marzo 16, 2008. Archivado en: Apuntes, enfermeria, historia de la Enfermeria, Uncategorized | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , |

La media luna roja

El simbolo de la cruz roja, en principio desprovisto de significado, paso su prueba de fuego durante la guerra que enfrento a Turquia, con Serbia, Montenegro, y Rumania.

En Turquia, aunque existia la organización de la Cruz Roja, no comenzo su funcionamiento, hasta que estallo dicha guerra en 1876. Por su parte, los paises valcanicos, al estallar la guerra, formarón sus equipos de ayuda sanitaria al frente, y que portaban la Cruz Roja, como distintivo.

Los primeros resultados fueron desastrosos, ya que la cruz, representaba para los Turcos, el simbolo de la represión sufrida durante la epoca de la cruzadas, con lo que no solamente no se evito el ataque a los servicios medicos, sino que potencio el ensañamiento de el ejercito turco contra estos.

Tras la guerra, Turquia anuncio que respetaria el simbolo de la cruz roja para las ambulancias del enemigo. Tambien en estos años se fundo la “Asociacion Otomana para el socorro de los militares, heridos y enfermos”, que adopto el simbolo de la media luna roja como simbolo de distincion.

En 1929, durante una conferencia para revisar la convección de Ginebra, se adoptó la nueva situación y también el emblema de la Media Luna Roja. Más tarde, se cambió el nombre de la organización para pasar a llamarse oficialmente Cruz Roja Internacional y Movimiento de la Media Luna Roja.

Estructura

Hoy en día, el Movimiento Internacional está formado por tres componentes, cada uno de los cuales posee personalidad jurídica propia, y desempeñan funciones diferentes pero complementarias:

-El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)

-La Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

-Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

- Las diferentes partes del Movimiento se coordinan a través de tres órganos:

LA COMISION INTERNACIONAL: Que se reúne cada cuatro años y que constituye la más alta autoridad deliberante de la Cruz Roja. Esta determina la política fundamental en las cuestiones de principio, en la esfera del derecho internacional humanitario, y en lo que se refiere a la organización y operaciones.

LA COMISION PERMANENTE: Es el órgano que prepara la Conferencia Internacional, en íntima colaboración con la Sociedad Nacional, sede de la Conferencia. En el intervalo entre conferencias, la comisión permanente coordina las labores del CJCR y las de la Federación.

EL CONSEJO DE DELEGADOS: Es el órgano en el que se reúnen los representantes de todos los componentes del movimiento. Se reúne cada dos años, y a menudo tiene que pronunciarse sobre cuestiones de política o sobre cualquier otro asunto de común interés para el Movimiento: presenta propuestas para los puestos de presidente, vicepresidente y secretarios de la Conferencia y decide el orden en que deberán examinarse los temas.

El comité internacional de la cruz roja (CICR)

El CICR es el órgano fundador de la Cruz Roja, en 1863. Es una organización independiente, privada y neutral, con sede
en Ginebra, integrada por ciudadanos suizos y que actúa en el mundo entero para proteger y socorrer a las víctimas de
los conflictos armados.

Los dirigentes del CICR son de nacionalidad suiza, y el órgano supremo es un comité integrado por 25 miembros comomáximo, encargados ellos mismos de designar a los nuevos miembros.

El comité se reúne ocho veces al año en Asamblea, en la que se determinan la política general y os principios de acciónde la Institución. Siete miembros del comité forman el Consejo Ejecutivo, que se encarga de dirigir los asuntos operacionales y supervisar directamente la administración.

La acción del CICR se basa en los Convenios de ginebra y en sus Protocolos Adicionales, así como en los Estatutos del
Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y en las Conferencias Internacionales.

El CICR tiene los siguientes objetivos:En tiempo de guerra, la protección y asistencia a las víctimas de los conflictos armados. Para ello, los delegados del CICR visitan hospitales, campamentos, lugares de trabajo, prisiones, o cualquier otro lugar donde hayan prisioneros.Estas visitas se realizan para comprobar las condiciones materiales y psicológicas de la detención, y no los motivos de la misma.El CICR no sólo se ocupa de los detenidos, sino de cualquier colectivo afectado por el conflicto, para lo que se desarrollan programas de asistencia material y médica. El CICR determina las necesidades, y después organiza, administra y controla los programas de asistencia. También se satisfacen las necesidades prioritarias de medicamentos ymaterial médico para atender a los heridos, además de problemas generales de salud que afectan a las víctimas de losconflictos, como epidemias, malas condiciones de higiene y nutrición inadecuada.

El CICR cuenta además con la denominada Agencia Central de Búsquedas (A.C.B.), que trata de establecer contacto
entre familiares separados a causa de los conflictos armados.

El CICR no dispone de fondos propios ni de fortuna alguna. Hay cuatro fuentes de financiación para el presupuesto de
la Institución:

-
Las contribuciones de los Estados Partes en los Convenios de Ginebra.
-
Las contribuciones de las Sociedades nacionales.
-
Las contribuciones privadas.

-Donativos y legados diversos.

La federación internacional

La Federación es una organización no gubernamental, sin carácter político, racial, ni confesional, y representa a todas las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Gran parte de la labor de la Federación está relacionada con la prestación y la coordinación de la asistencia a favor de las victimas de los desastres. Cuando sobreviene un desastre, la Federación actúa a nivel internacional, como coordinadora de las operaciones de urgencia sobre el terreno emprendidas por la Sociedad Nacional. Basándose en la información enviada desde la zona siniestrada y en las peticiones recibidas, lanza inmediatamente llamamientos a las demás Sociedades miembros para solicitar asistencia. Transporta los donativos de las Sociedades Nacionales, de los Gobiernos o de otros donantes, distribuye víveres y suministros que no se encuentran disponibles en la zona afectada, y si es necesario, envía expertos al país donde ha ocurrido el desastre con el fin de ayudar a la Sociedad Nacional en las actividades de socorro.

Otra función primordial de la Federación consiste en prestar asistencia a las Sociedades Nacionales, especialmente a las nuevas, en el ámbito del desarrollo de su organización, proporcionando para ello asesoramiento, formación material y equipo. Otra acción importante de la Federación, en los últimos tiempos, es la asistencia a los refugiados fuera de las zonas de 40 conflicto armado. En estas acciones a menudo se colabora con el alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados. Este aspecto desde hace unos años tiene tal magnitud que ha movilizado los recursos de todo el Movimiento.

La Federación cuenta con una Asamblea General donde cada sociedad miembro tiene un voto. Este órgano, que se reúne cada dos años, es el “parlamento” de todas las Sociedades Nacionales, y fija la política general de actuación y elige los componentes del resto de los órganos estatuarios.

La Federación se financia mediante las contribuciones anuales de todas las Sociedades Nacionales miembros, las contribuciones voluntarias asignadas a los programas de socorro y desarrollo, donativos y otras fuentes.

Las sociedades nacionales

Prácticamente en todos los países del mundo existe una Sociedad nacional de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja,
cuyos estatutos han sido oficialmente reconocidos y que actúa como auxiliar de los poderes públicos.
Fundadas para atender a los soldados heridos o enfermos, las Sociedades Nacionales despliegan hoy, tanto en tiempo
de paz como en tiempo de guerra, múltiples actividades que varían en función de las necesidades de cada país y de sus
habitantes:

-Protección de la salud.

-Acciones de bienestar social con los colectivos vulnerables.

-Intervención en socorros.

-Medio ambiente.

-Defensa de los derechos humanos.

-Ayuda ante catástrofes.

-Apoyo a otras sociedades nacionales.

-Difusión del DIH (derecho internacional humanitario).

-Ayuda a las víctimas de los conflictos.

- Promoción de la donación de sangre y órganos.

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F. de Enfermería (III) La Cruz Roja…

Publicado en marzo 14, 2008. Archivado en: historia de la Enfermeria | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , |

Los tiempos de paz
La situación internacional, había cambiado en los últimos tiempos, cada vez más países preparaban a sus voluntarios para atender a los enfermos en tiempo de guerra, y tanto Henry Dunat, Como Clara Burton, se hicieron una misma pregunta, ¿Por qué desperdiciar todo ese esfuerzo de preparación de voluntarios en tiempos de Paz?. Había situaciones en las que la sociedad necesitaba de ayuda, como los periodos posteriores a las guerras, los accidentes, los desastres naturales, y en los que resultaba muy valiosa la información recibida por los voluntarios. Esta idea que ya havia sido planteada anteriormente en 1865 había sido rechazada por temor a que mermasen sus capacidades para los tiempos de guerra.

Clara Barton argumentaba que las victimas de los accidente naturales necesitaban de las mismas ayudas que los soldados heridos, que la formación y los conocimientos y el material sanitario… había que utilizarlos para aliviar cualquier tipo de sufrimiento, ya fuera en tiempos de guerra o paz. En 1884, expuso estas ideas la conferencia internacional en Ginebra, a partir de ese momento las organizaciones nacionales comienzan las labores de auxilio que continúan hoy en día.

En 1887, la Cruz Roja Americana funda varios hospitales en Florida como respuesta a una epidemia de fiebre amarilla. En 1889 la Cruz Roja Americana auxilia a las víctimas de la inundación de Johnstown en Pennsylvania. En 1881 ayudo a las victimas de hambre en Rusia.

La guerra de nuevo

A finales del siglo XIX la guerra se había propagado por muchos puntos geográficos. Los ingleses luchaban en Sudáfrica, los japoneses atacaron la provincia china de Corea, los españoles, cubanos y americanos se disputaban Cuba. En 1904 estalló la guerra entre Rusia y Japón.

Los descubrimientos de Louise Pasteaur y Joseph Lister sobre la importancia de la esterilidad en las heridas supusieron una gran revolución en el tratamiento de los heridos de guerra. El progreso en el campo de los calmantes dio un gran auge a la cirugía. Los voluntarios de la Cruz Roja fueron sustituidos por profesionales sanitarios, y en muchos países la Cruz Roja y la Media Luna Roja fundaron hospitales para enseñar y preparar a personal sanitario.

Los desaparecidos II

Al comienzo de la primera guerra, la Cruz Roja volvió a abrir oficinas para localizar muertos, heridos y desaparecidos, que ya había sido una de las primeras funciones de la Cruz Roja. En esta oficina trabajaban mas de mil voluntarios que cruzaban información de bajas en el campo de batalla con las solicitudes de información realizadas por los familiares.

Prisioneros de guerra

Uno de los grandes temas de interés también de la Cruz Roja fue la forma en que se trataba a los prisioneros de guerra y las condiciones en las que vivían por ello, organizó entre otros el envío de más de dos millones de paquetes de comida para los prisioneros, comprobó que las condiciones de los campos de prisioneros de guerra eran tolerables, preparo el intercambio de 450.000 prisioneros enfermos o heridos.

Los principios fundamentales de la Cruz Roja

La Conferencia Diplomática de 1864 aprobó un marco jurídico que sentó los fines fundamentales de la Cruz Roja: la acción efectiva de socorro a los heridos, los vehículos y personal sanitario que deberían ser considerados y respetados como neutrales y, por tanto, protegidos en los conflictos bélicos.

En 1921, el Comité Internacional de la Cruz Roja adoptó cuatro principios: Caridad, Universalidad, Independencia e Imparcialidad. En 1964, la Federación Internacional de Cruz Roja y Media Luna Roja adoptó estos principios a los que sumó otros tres. Pero fue en Viena y en el año 65 en la XX Conferencia Internacional de la Cruz Roja cuando se definieron y aprobaron los Principios Fundamentales actualmente en vigor:

Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Carácter Voluntario, Unidad y Universalidad.

Los Principios Fundamentales son el Código de Conducta e Ideario del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, constituyen las señas de identidad de la Institución en todos los ámbitos y niveles de actuación. Los Principios obligan a toda la Institución en su conjunto y es uno de los elementos de cohesión fundamentales del Movimiento. Ahora bien, no podemos olvidar que los miembros de la Institución como parte visible de la misma se encuentran obligados por los Principios en un doble sentido:

-Actuar en todo momento y lugar de acuerdo con estos Principios.

-Mantener un compromiso ideológico.

El voluntario de Cruz Roja debe ser conocido y reconocido, como tal,
por la actividad que desarrolla, (centrada en determinados colectivos y/o situaciones) y por la forma de actuar que
deberá reflejar la asimilación personal de los Principios Fundamentales.

Humanidad

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. favorece la comprensión mutua, la amistad. La cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.

El Principio de Humanidad es esencial en el Movimiento, ya que establece el fin prioritario de la Institución: “Prevenir y aliviar el sufrimiento humano en todas las circunstancias”, los objetivos generales:

-Proteger la vida y la salud.

-Hacer respetar a la persona humana.

También especifica una determinada forma de acción que nos permitirá conseguir los objetivos, Favorecer:

-
La comprensión mutua y la amistad.
-
La cooperación.

-Una paz duradera entre los pueblos.

Este Principio se fundamenta en el valor de la persona, dotada de dignidad y derechos inviolables y en la solidaridad con todos aquellos que sufren. Es la expresión del compromiso del Movimiento con la defensa de los derechos humanos.

El Movimiento ha estado presente en la defensa de los derechos humanos desde sus orígenes, aunque no siempre explícitamente. Destacan particularmente las acciones en los siguientes temas: tortura, desapariciones forzadas o involuntarias, discriminación racial, derechos de la infancia, campos en los que puede desempeñarse un cometido movilizador. Ello sin dejar de tener en cuenta otros muchos derechos de contenido económico social y cultural, y en los conocidos como de la “tercera generación” o derechos de solidaridad (paz, desarrollo y medio ambiente), se realizan de hecho numerosas contribuciones.

En la consecución de estos objetivos los voluntarios expresan su solidaridad mediante actitudes de:

-Comprensión, cooperación, amistad, interés afectuoso y desinteresado.

-Respeto, que nace del reconocimiento de la individualidad del otro, de sus capacidades y posibilidades.

-Relaciones abiertas, horizontales, sin caer en redes afectivas, que bloquean.

Imparcialidad:

No hace ninguna distinción de nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político. Se dedica únicamente a socorrer 35 a los individuos en proporción con los sufrimientos, remediando sus necesidades y dando prioridad a las más urgentes.

Supone la esencia del pensamiento del Movimiento. Del reconocimiento de todos los seres humanos nace la no discriminación, por motivos de raza, sexo, religión, condición social, credo político o ideología. Supone la no aplicación de distinciones de carácter desfavorable por el mero hecho de pertenecer a una categoría determinada. La única “discriminación” estará en base de las necesidades: la asistencia será proporcional a la intensidad del sufrimiento. Exige luchar contra todo prejuicio y actuar ateniéndose solo a los hechos a fin de hacerlo sin preferencias personales ni ideas preconcebidas.

La vivencia de este Principio no sólo se ejercita en situaciones extremas de conflictos bélicos o confrontación de grupos, sino que tiene ramificaciones que nos afectan en la cotidianeidad, en la forma de relacionarnos con aquellos que “son distintos

o que no piensan como nosotros. De ahí la necesidad de profundizar en la tolerancia, como actitud que exige un ejercicio personal de apertura de la mente y aceptación del otro, tal y como es, sin menoscabo de las propias convicciones.

Neutralidad:

Con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene de tomar parte en las hostilidades y, en todo tiempo, en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.

A la vez que se respetan los derechos civiles, políticos y sociales de toda persona, el Movimiento se abstiene de tomar parte en cualquier tipo de controversia de orden político, racial, religioso o ideológico en todo tiempo.

Neutralidad significa no entrar en controversias para poder actuar en todo tiempo y lugar. En este sentido la neutralidad es una garantía de acción. No debemos confundir nunca ser neutral con ser indiferente, la neutralidad supone tomar partido por los más vulnerables.

Lógicamente al voluntario de Cruz Roja no se le pide que renuncie a su ideología, todo el mundo tiene unas determinadas ideas, sino que ésta no se refleje en la acción que desempeña en nombre de Cruz Roja.

No debemos confundir nunca neutralidad con imparcialidad:

-
El neutral se niega a pronunciarse, no toma partido.
-
El imparcial actúa según unas normas establecidas.

Independencia:

El movimiento es independiente. Auxiliares de los poderes públicos en sus actividades humanitarias y sometidas a las leyes que rigen los países respectivos, las Sociedades Nacionales deben, sin embargo, conservar una autonomía que les permita actuar siempre de acuerdo con los principios del Movimiento.

Este Principio aparentemente entra en una contradicción: por un lado establece que el Movimiento es independiente, por otro, que es auxiliar de los poderes públicos. Sin embargo no existe tal contradicción. La independencia supone:

-Oponerse a toda injerencia de orden político, ideológico o económico.

-No ser un instrumento de la política gubernamental.

-Independencia ante la opinión pública.

-Libertad de acción.

Pero al mismo tiempo es una Institución auxiliar de los poderes públicos ya que:

-Las Sociedades Nacionales son reconocidas por los Estados.

-Su acción complementa la desarrollada por los poderes públicos cubriendo aquellas áreas a las que no pueden
llegar las diferentes Administraciones, siempre con la autonomía necesaria para cumplir los Principios
Fundamentales y poder decidir las acciones que realiza y las que no.

Para hacer realidad este Principio en la cotidianeidad, se requiere que los voluntarios de Cruz Roja:

-Respeten estos Principios por encima de sus intereses particulares.

-Profundicen y se entusiasmen con el papel que, como voluntarios de Cruz Roja, están llamados a ejercer para
el desarrollo de una sociedad que, sin ellos, sin la acción solidaria e independiente de Cruz Roja, carecería
de un elemento de vertebración necesario para el mundo actual.

La Independencia de la Institución se garantiza en la práctica con un funcionamiento interno democrático, estando
abierta a todos, con fuentes de financiación diversas y con una gran diversidad de acciones.
Esta independencia nos ayuda a ser más libres para actuar por la dignidad, bienestar y defensa de los sujetos más
débiles de la sociedad, y a comprender el compromiso y responsabilidad que, además, tenemos con la Institución.

Carácter voluntario:

Es un movimiento de socorro voluntario y de carácter desinteresado. La Cruz Roja es una asociación de voluntarios, por lo que el Voluntariado forma parte de la propia esencia de la Institución.

El voluntariado tiene las siguientes características:

-La relación del voluntario con la actividad que desarrolla en Cruz Roja comporta:

-Implicación personal: relación de ayuda, comunicación, compañía, paz, etc.

-Expresión de los Principios Fundamentales.

-Servicio gratuito y desinteresado.

-Se compromete libremente a dedicar “un tiempo” a una actividad voluntariadentro del campo de actuación de Cruz Roja.

-Participación en la comunidad, para mejorar las condiciones de vida de sus semejantes.

- La participación voluntaria es cooperativa, es decir, trata de lograr un mayor nivel de Humanización, a
través de la cooperación entre los distintos actores y factores sociales.

Unidad.

En cada país sólo puede existir una Sociedad de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, que debe ser accesible a todos y extender su acción humanitaria a la totalidad del territorio.

Este principio supone que debe existir una única Sociedad Nacional por país y por tanto extender su acción a todo el territorio y estar abierta a todos.

Garantiza que la Cruz Roja no se diluya en Asambleas independientes y garantiza la coherencia institucional.

Actualizar la conciencia de nuestra permanencia a una sola y gran institución, extendida por todo el mundo y por todo el territorio nacional, y mantener la esencia de su identidad debe ser para todos los miembros de Cruz Roja motivo de orgullo, a la vez que de estímulo para el cumplimiento de las normas y orientaciones que dimanan de sus documentos y órganos.

Universalidad.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en cuyo seno todas las sociedades tienen los mismos derechos y el deber de ayudarse mutuamente, es universal.

El Movimiento tiene vocación universal y aspira a extender su acción a todo el mundo. Pero al mismo tiempo esta universalidad implica que todas las Sociedades Nacionales desde la más grande y desarrollada a la más pequeña tienen los mismos derechos y deberes en el seno del Movimiento y el deber de apoyarse mutuamente.

Las actividades voluntarias a la vez que son concretas, referidas a sujetos personalizados, tienen la posibilidad de ser ampliables a cualquier persona que se encuentre en situación similar, lo que permite diseñar procesos y establecer estrategias universalizables.

Emblema

El emblema de la Cruz Roja, que sirve para identificar a quienes de una forma neutral se dedican a proteger a los heridos, es un homenaje a Suiza, por ser el Estado que toma la iniciativa de convocar la Conferencia Diplomática (son el signo y los colores de la bandera suiza, pero invertidos). Este emblema dio además nombre a todo el movimiento humanitario.

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Fundamentos de Enfermeria (II) El reformismo…

Publicado en febrero 22, 2008. Archivado en: Apuntes, enfermeria, historia de la Enfermeria, Uncategorized | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , |

El reformismo.

El movimiento reformista, tuvo una gran influencia en la modernización de la vida de la mujer en España, repercutiendo directamente en la enfermería española. A partir de la institucionalización del reformismo social, la mujer comienza a incorporarse al mundo laboral y al sistema educativo. Este proceso es impulsado y dinamizado por la revolución industrial y el auge del movimiento obrero.

En España, el movimiento reformista, crea la Comisión de Reformas Sociales (1.883) (la obra de esta comisión obra culmina ya en el siglo XX, con la creación en primera instancia del Instituto de Reformas Sociales 1903, y más tarde del Instituto Nacional de Previsión en 1908), que será la encargada de analizar la realidad social del país. A partir de ese momento y tras una serie normativas legislativas, se institucionalizaran y profesionalizaran la sanidad y la enfermería.

Concepción Arenal, fue el máximo exponente de la enfermería durante estos años. A través de un análisis de la realidad social, benéfica y penitenciaria denunció la necesidad de suplir las carencias existentes en cuanto al personal de enfermería y los servicios de enfermería, que hasta ese momento eran desempeñados por criadas con escasos recursos económicos y limitados conocimientos culturales, sirvientas sin conocimientos técnicos, y en la mayoría de los casos sin saber leer ni escribir.

Las raíces de la obra de Concepción Arenal hay que buscarlas en los pioneros del reformismo anglosajón y alemán: Howard, Elizabeth Fry, Dorothea Lynde Dix y Teodoro Fliedner, todos ellos tuvieron un denominador común: la reforma de los servicios de enfermería estuvo precedida por un período de análisis de la realidad social y penitenciaria de sus respectivos países.

En 1863, nombrada visitadora de prisiones en Galicia, fundó una asociación de mujeres “Las magdalenas” que se encargaban de visitar a las presas en las cárceles y de ayudarles. En España, la principal fuente de influencia que repercutió en Arenal se encuentran en el movimiento krausista (Sanz del Río, Gumersindo Azcárate, Giner de los Ríos, Fernando de Castro).

Concepción Arenal observa y recoge cinco principios que debe guardar toda persona dedicada a la enfermería:

-Cuidado en la asistencia.

- Conocimientos sobre la alimentación.

-Honestidad.

-Aseo.

-Orden.

Concepción Arenal, recogio sus conclusiones tras el análisis de la labor sociosanitaria visitadora, en dos volúmenes: “El visitador del pobre” y “El visitador del preso”.

La enfermería española del XIX se caracterizó por una extremada penuria.

Florence Nightingale: su vida y obra

Antes de Florence Nightingale

En la época de los primeros cristianos la practica dela asistencia sanitaria se basaba en sentimientos de desprendimientos y de amor al prójimo que propiciaban la existencia de un clima de interés por las necesidades de las personas enfermas. Las acciones de aquellos que se dedicaban a auxiliar a los demás estaban dirigidas a tratar de aliviar a los enfermos de manera que éstos pudieran llevar una vida mas sana y feliz.

Los cambios de las fuerzas sociales y de las estructuras políticas afectaron lógicamente a la práctica de la asistencia sanitaria, y a lo largo de la historia de los siglos siguientes esta práctica paso por diferentes fases de progreso y retroceso, logrando finalmente superar múltiples adversidades y alcanzar la Edad Moderna, época en la que aparece una mujer muy importante en el ámbito de la enfermería, Florencia Nightingale. Durante los años que mediaron entre la vida activa de Florencia Nightingale y el comienzo de la segunda guerra mundial la asistencia sanitaria apenas experimento ningún proceso. Este periodo podría denominarse la era de la conservación o la era de los cambios escasos.

Introducción

Fue preciso esperar a la época de Florence Nightingale (1820-1910) para que la asistencia sanitaria comenzara a adquirir cierta consistencia estructural orientada hacia la realización de acciones deliberadas.Aunque en su época la asistencia sanitaria poseía una escasa base formal, ella puso en tela de juicio tradiciones y prácticas que se habian aceptado durante muchos años, elaboró sus propias reglas e implantó una disciplina muy severa para lograr alcanzar aquellos objetivos que juzgaba necesarios para proporcionar la mejor atención a los pacientes. A pesar de su temperamento rebelde, su capacidad de previsión le permitió alcanzar logros admirables y establecer algunas bases firmes en las que la práctica sanitaria continúa apoyandose en la actualidad. Prestó gran importancia a la preparación, surgiriendo que los conocimientos que ha de poseer la enfermera son diferentes de los que precisan un supervisor o un administrador para realizar su trabajo. También se interesó por que las enfermeras recibieran una remuneración justa,

aunque la jornada laboral de doce horas, la semana laboral de siete días y cinco centavos de subida salarial después de un periodo de prueba de seis meses no admiten comparación posible con las demandas de trabajo y sueldo de nuestra época. Lamentablemente Florence Nightingale no tenia una opinion favorable de los técnicos sanitarios masculinos y no prestó atención alguna al proceso de la asistencia sanitaria. De todas formas, esta mujer admirable merece que se la considere como la fundadora de la práctica sanitaria moderna a la que elevó al rango de profesión respetada y respetable.

Florence Nightingale: su vida y obra

Comienzos: su preparación, toma de decisiones

Vida larga e intensa la de esta mujer que en el año 1820 vino al mundo en la ciudad de Florencia (Italia), donde su familia pasaba una temporada. Eso parece que fue el motivo de llamarse Florence.

Era la segunda hija de un matrimonio inglés, protestante, de situación social privilegiada, que recibió una amplia educación, más de la habitual para las mujeres de su tiempo. Recibió lecciones, junto con su hermana, de griego, latín, historia, filosofía y matemáticas, además de francés y alemán.

Su juventud la pasó recorriendo diversas ciudades europeas que eran frecuentadas por sus padres con asiduidad, lo que le permitió perfeccionar los idiomas que había aprendido, así como conocer otras realidades sociales distintas de la inglesa.

Una cualidad tendrá desde joven y es su afición por escribir, primero su diario y luego toda serie de notas y ensayos sobre distintas cuestiones que le fueron interesando a lo largo de su vida y que han permitido conocer muchos de sus pensamientos y de sus preocupaciones.

La sociedad inglesa de esa época (igual que las del resto de Occidente) esperaba que las mujeres jóvenes, de clase acomodada, siguieran con la tradición establecida y demostraran unas cualidades morales y sociales que eran implícitas a la condición femenina y social; así, se esperaba de ellas que fueran calladas, sumisas, obedientes, distinguidas, religiosas, buenas amas de casa, dispuestas siempre ha agradar y que ocupasen sus ratos de ocio en hacer buenas obras, además de estar dispuestas para el matrimonio, en el momento que sus padres así lo dispusieran.

Esto era también lo que la familia nightingale deseaba para sus hijas, por lo que el primer enfrentamiento familiar se produjo ante la negativa de Florence a casarse con Henry Nicholson, hermano de una amiga suya. Este hecho ponía de manifiesto un carácter de una determinación que no era, ni mucho menos, ideal para una mujer de su tiempo. No sería la única ocasión en que rechazaría una oferta de matrimonio.

Las obras caritativas, obligación moral de las mujeres acomodadas, también formaron parte de su vida; por eso escribió en su diario: “Absorbe mi mente la idea del sufrimiento del hombre…, apenas puedo ver nada más…, toda la gente que veo está consumida por la preocupación, la pobreza o la enfermedad…”.

Su rechazo de la vida tradicional y la situación social que contemplaba le habían producido una depresión que le hacia ver su propia vida vacía y sin aliciente; no existían salidas posibles para la mujer que quería ser diferente.

Será en 1844, a los 24 años, cuando aprovechando la estancia en su casa de un americano amigo de sus padres, el Dr. Samuel Howe, hable con él y le pida consejo sobre la posibilidad de que una mujer respetable como ella se dedique a trabajar de enfermera en un hospital; a pesar de los ánimos que recibió, no era nada fácil, ni plantearlo en su casa, ni acceder a ese tipo de trabajo.

Los hospitales ingleses seguían la misma tónica que los del resto de Europa: eran oscuros, sucios, húmedos, estaban mal organizados y los enfermos se encontraban allí en una situación lamentable, hacinados, mal cuidados y con pocas o ninguna esperanza de curación. Además, las enfermeras inglesas tenían fama de borrachas, negligentes y sucias.

Un lugar al que la sociedad inglesa consideraba mejor no ir y que, por tanto, eran considerados inaceptables para que una “dama” entrase en ellos a trabajar. Evidentemente, también la caridad tiene un límite.

La dificultad que esto entraña le hizo estar un año buscando la forma de dar el paso que deseaba; pero lo aprovechó para empezar a estudiar, en secreto, informes de hospitales que recabó de sus amistades europeas, para conocer como eras dirigidos y que necesitaban para mejorar. En Octubre de 1846, recibió un informe relativo a una institución alemana en la que las mujeres religiosas, respetables, cuidaban a los enfermos: eran las “diaconisas de Kaiserswerth”.

Las diaconisas de Kaiserswerth pertenecían a una orden anglicana que inicialmente se dedicó a la atención de presos liberados y que extendió su acción social al cuidado de los enfermos, abriendo un hospital y una escuela para la formación de las diaconisas en 1836 en dicha ciudad. Su trabajo en el hospital, al estilo del realizado por las Hermanas de la Caridad, hizo que su labor recibiese un reconocimiento importante en Alemania, que pronto se extendería a Inglaterra.

Sin embargo, todavía no iría Florence a Alemania. Pasará primero una temporada en Roma, donde conocerá a un hombre que se convertiría años más tarde en un aliado importante para su causa: Sidney Herbert. Después viajaría 18 a Egipto, y a su regreso visitaría brevemente Kaiserswerth, lo cual le daría la oportunidad de escribir un folleto sobre la labor que realizaban las diaconisas.

Sus intentos de vida independiente le originaron numerosos problemas familiares, por lo que se vio obligada a quedarse en Londres acompañando a su hermana durante 6 meses. En ese tiempo entrará en contacto con Elizabeth Blackwell, una de las primeras mujeres “doctoras”, lo que será decisivo en su determinación.

Así, en 1851 plantea a su familia su decisión irrevocable de marcharse a Kaiserswerth, y, acompañada en esta ocasión por su madre y su hermana para hacer ver a la sociedad inglesa que se iba a un balneario, se integrará en un duro proceso de aprendizaje en dicha institución. Este viaje le sirvió para dos cosas: por una parte, se inició en el cuidado de enfermos, y por otra, se distanció definitivamente de su madre y hermana, que no fueron capaces de entender y aceptar los planteamientos de Florence.

Cuando las tres mujeres volvieron a Londres, el padre estaba enfermo, y Florence tuvo que cuidarle y acompañarle fuera de Inglaterra para un tratamiento médico; en este espacio de tiempo, consiguió ser comprendida por su padre, en quién encontraría en adelante un aliado para sus planes. Merece la pena destacar un ensayo que escribió durante estos días, lo título Cassandra, y en él hacía una descripción sobre un día típico en la vida de una hija de una próspera familia victoriana: “nunca podemos seguir ningún objetivo durante dos horas, porque no podemos exigir soledad…”, “en la vida doméstica y social una está limitada, bajo pena de ser juzgada de hosca, a hacer una observación cada dos minutos…”.

Su regreso a Inglaterra supuso verse otra vez atrapada en la red familiar, y esta vez fue el consejo del cardenal Manning, de la Iglesia católica, lo que la hizo ponerse en contacto con las Hermanas de la Caridad. Fue así como marchó a París y empezó a trabajar como enfermera, completando su aprendizaje en el hospital de las Hermanas de la Caridad.

Su formación práctica estaba realizada y sabía sobre la organización de hospitales más de lo que nadie imaginaba, gracias a los informes que había ido recopilando y estudiando.

Vida Laboral:

Su primer trabajo lo obtuvo en Londres en 1853, tenía entonces 33 años y fue como Superintendente de la institución de Damas inválidas inglesas. Era una casa en el número 1 de la calle Harley, la cual tenía que convertir en hospital. Planificó con minuciosidad hasta el más mínimo detalle: agua caliente, ascensores para transportar la comida, timbres para que las enfermas llamasen, ropa de cama. Almohadas, cortinas, utensilios de limpieza, carbón, etc., es decir, hasta el más pequeño detalle estaba controlado. Sin embargo, la junta administradora so entendía cómo hacían falta tantas cosas y el presupuesto les parecía excesivo (la sociedad victoriana no estaba acostumbrada a que un hospital generase tantos gastos); la oposición que encontró fue importante, pero a pesar de ello siguió adelante con el proyecto. La mayor dificultad la tuvo en encontrar enfermeras que se adaptasen a sus planteamientos y que fuesen mínimamente capaces de atender a las enfermas en la línea en que lo había visto hacer, tanto a las diaconisas como a las Hermanas de la Caridad. Su supervisión atenta y pormenorizada consiguió sacar el proyecto adelante, y el hospital empezó a funcionar.

Sobre la base de esta experiencia, elaboró informes exhaustivos sobre los defectos del sistema sanitario inglés y empezó a trabajar en el proyecto de reclutar hijas de granjeros para que se preparasen para ser enfermeras, según el modelo de Kaiserswerth.

Florence se había convertido así en una mujer distinta, había pasado a formar parte de una minoría femenina que trabajaba, minoría dentro de su status social. Unos años después, en 1866, firmaría un manifiesto a favor de los derechos de la mujer. Junto a su firma se encontraban las de otras eminentes mujeres inglesas que destacaban en la lucha sufragista como: Harriet Martineau, Mary Somerville y la que luego sería líder del movimiento feminista inglés, Millicent Garret Fawcett.

Crimea: una experiencia que marcará su vida.

Crimea es una península situada en el mar Negro, en la región de Ucrania. Allí tuvo lugar, entre los años 1853-1856, la que ha sido conocida como “guerra de Crimea”. La causa inmediata que la provocó fue la disputa sobre la custodia y privilegios especiales de los monjes cristianos de los Santos Lugares. Napoleón III apoyaba a los representantes de la Iglesia católica: por su parte, el zar Nicolás I defendía la de los monjes ortodoxos griegos; en el fondo existían otros problemas políticos: la debilidad creciente del imperio otomano y los deseos de Rusia de asegurarse una posición en el Bósforo. Así, Rusia por un lado y Francia, Turquía, Cerdeña e Inglaterra por otro, entraron en un conflicto que tendría consecuencias importantes para toda Europa (también para España).

La sociedad británica seguía con interés el desarrollo de la guerra, pero las noticias no eran buenas: el clima era frío, la alimentación escasa y el hambre abundante; la enfermedad hizo aparición en forma de “cólera”, lo que le costaría al ejército británico más vidas que la misma guerra.

La organización sanitaria del ejército británico, excesivamente burocratizado, se vio desbordada ante esta situación, y el hospital situado en los barracones de Escutari era incapaz de atender al gran número de enfermos y heridos que llegaban hasta él. Los enfermos estaban en condiciones deprimentes, sin recibir atención médica suficiente, sin medicación para atenderlos, con unas condiciones higiénicas penosas y con comida escasa y en malas condiciones, y lo que es peor aún, con falta de agua potable; todo ello, junto con la epidemia de cólera, colocaba al ejército británico en una situación grave que no era fácil de resolver.

Si para el ejército esto no era nuevo, para Gran Bretaña sí lo era, y la conciencia ciudadana se vio afectada por estas noticias, que además ponían de manifiesto las desventajas frente al ejército francés que contaban con más cirujanos y con las Hermanas de la Caridad para atender a los heridos.

Por eso, Sidney Herbert, el amigo romano de Florence, ahora Secretario de guerra, pensó en ella para resolver la situación de la guerra de Crimea, y el 15 de octubre le escribió una carta pidiéndole que organizara un cuerpo de enfermeras para ir a Escutari. Florence aceptó el reto y fue nombrada Superintendente del Cuerpo de Enfermería Femenina de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía.

Inició los preparativos para la marcha y lo verdaderamente difícil fue encontrar las 40 enfermeras previstas, pues sólo 20 acudieron 38; de ellas, unas se dedicaban a trabajar de enfermeras en los hospitales ingleses, otras eran monjas, entre las que se encontraban las más eficientes, que eran 5 hermanas de un convento católico. El 21 de octubre de 1854 salieron para Escutari.

En esta ocasión, su familia se sintió orgullosa de ella; su hermana escribiría: “es un gran y noble trabajo…uno no puede sino creer que estaba destinada para ello…”.

Era el 5 de noviembre cuando el grupo de enfermeras, con Florence al frente, llegó a los barracones donde estaba instalado el hospital de Escutari. Las descripciones que anotó sobre la impresión que le produjo el hospital desbordaban todas las previsiones que se había ido haciendo en el viaje: los enfermos no cabían y el caos y la suciedad reinaban por todas partes; el hospital era un foco de enfermedades infecciosas.

La plantilla de médicos, bajo la supervisión y el control de las autoridades militares, estaba tan burocratizada que la gestión del hospital resultaba imposible: los alimentos se perdían esperando la firma de un papel y las escasas medicinas y material de curas tardaba días en llegar y poder usarse; está circunstancia provocó el enfrentamiento de Florence con los oficiales médicos y con el embajador inglés en Constantinopla que no atendía las quejas que le llegaban.

Las enfermeras se vieron obligadas a aceptar el reglamento militar, y Florence, ignorada por los médicos, procuró ajustarse a él, dando instrucciones severas a sus enfermeras en este sentido; por eso, en un primer momento, se dedicó tan sólo a organizar la cocina, y su intervención junto a los enfermos consistía únicamente en darles de comer, pero previa autorización firmada por los médicos.

Sin embargo, la llegada masiva de soldados ingleses heridos y enfermos al hospital hizo cambiar la situación, y los médicos no tuvieron más remedio que pedir y aceptar la ayuda de Florence. El carácter de determinación que la había llevado a ser por fin enfermera le sirvió ahora para ir haciéndose con el control de la organización del hospital, incluso consiguió que los suministros no tuviesen que seguir los trámites burocráticos militares, y abordo las obras de restauración de un ala del hospital que había sido destruida por el fuego. Sin embrago, la situación era tan caótica que las mejoras eran insuficientes y lentas.

A pesar de las mejoras que consiguió, la mortalidad seguía siendo altísima y se agravó como consecuencia de una nueva crisis epidémica que costó la vida a 4 cirujanos, 3 enfermeras y, por supuesto, a centenares de soldados. Estas noticias llegaron a la opinión pública inglesa, y el Gobierno se vio forzado a mandar una comisión sanitaria a Crimea para que investigase la situación.

Esta comisión propugnó cambios drásticos en el hospital, aun a riesgo de poner en peligro la vida de los enfermos, pero el jefe de la comisión fue nombrado oficial médico del hospital, aunque luego sería reprendido por su actuación.

El grupo de enfermeras, con Florence a la cabeza, realizó una labor importante en el hospital de Barraca; los cuidados a los enfermos las ocupaban las 24 horas del día, por lo que Florence organizó turnos para cuidarlos, aunque ella se encargaba de supervisar el trabajo tanto de día como de noche; de ahí que se la conozca como “la dama de la lámpara”.

Una vez controlado el trabajo en este hospital, su proyecto fue organizar los otros hospitales ingleses de crimea, pero una enfermedad, “la fiebre de Crimea”, puso en gran riesgo su vida y la obligó a quedarse en cama; pasada la gravedad y aunque tenía que seguir guardando reposo, empezó a escribir informes y a controlar de nuevo la situación. Su capacidad de trabajo, junto con su firmeza de carácter que la hacía imperturbable, le granjearon enemistades, principalmente entre las propias enfermeras, quienes se quejaban de sentirse siempre acosadas para trabajar cada vez más. Tanto su vocación por el trabajo como esta enfermedad la acompañarán el resto de su vida.

La opinión pública inglesa había encontrado una heroína en Florence y ya desde entonces su imagen empezó a idealizarse; todo tipo de objetos que evocaban su persona empezaron a venderse en Gran Bretaña, así como libros que contaban una biografía irreal y poemas que la ensalzaban (no olvidemos que el Romanticismo estaba en pleno apogeo); incluso a un caballo de carreras se le pondría su nombre. El pueblo inglés, que intentaba así contrarrestar los desastres de las noticias de la guerra, enterado de la enfermedad de Florence, hizo una suscripción popular para mandarle un regalo, pero la cantidad recaudada superó todas las previsiones, por lo que el dinero se destinaría para constituir la Fundación Nightingale, para establecer un centro destinado a la enseñanza de las enfermeras.

Florence recibió una carta de su madre dándole la noticia y comentando lo orgullosa que se sentía de ella. Florence le contestaría: “Mi reputación no ha sido una bendición en mi carrera, pero si tú estás contenta eso es bastante…”.

Mientras tanto, en Escutari la situación era complicada. El Dr. Hall, jefe de la plantilla de médicos, recibió un informe del jefe de suministros en el que acusaba a Florence de insubordinación y a las enfermeras de deshonestidad, desobediencia, extravagancia, inmoralidad e ineficacia. Esto provocó una polémica entre defensores y detractores de su labor, por lo que el Gobierno se vio forzado a intervenir nombrando una comisión investigadora dentro del servicio de abastecimiento del Ejercito británico de crimea. Esta comisión dio la razón a Florence. El 16 de marzo de 1856, el Gobierno inglés hizo pública una nota en la que decía: “la señorita Nightingale es reconocida por el Gobierno de su Majestad como Superintendente General del Establecimiento de Enfermería Femenina de los hospitales militares del Ejército”.

El 30 de marzo de 1856 se firmó el tratado que ponía fin a la guerra, y cuando todos los pacientes fueron evacuados, Florence volvió a Londres: corría el mes de agosto.

Londres: una nueva visión

La guerra había terminado, pero su misión no. Nuevos planteamientos ocuparían ahora su vida y, a pesar de su enfermedad, muchos años de trabajo la esperaban.

Durante los primeros meses de su estancia en Londres y para apartarse de la gente que la hacía sentirse abrumada, se dedicó a reflexionar sobre su estancia en Crimea y a sacar conclusiones.

Varias cuestiones hay que destacar en este sentido: en primer lugar, la necesidad de formar a las enfermeras; pero sin lugar a dudas también el cambio que había que hacer en los hospitales ingleses, tanto militares como civiles, no sólo en lo relacionado con los cuidados que recibían los enfermos, sino también en el sistema de gestionarlos, en los fondos económicos de los que había que dotarlos, en su propia estructura física, en el sistema de funcionamiento de la cocina, en la dotación del material, etc.; sus pretensiones de reforma alcanzaban a todo el Ejército en sí; otro aspecto a señalar es el respeto y admiración que la clase médica le merecía después de haberles visto trabajar en Escutari, durante tantas horas seguidas y con medios tan precarios, y esto a pesar de los muchos roces que había tenido con ellos. Todas estas reflexiones que se había hecho tuvo ocasión de contárselas a la reina Victoria y al príncipe Alberto, que en septiembre 22 de ese mismo año la recibieron en su castillo de Escocia; la reina escribiría a su comandante en jefe: “ojalá la tuviésemos en el Ministerio de la Guerra…”

Tras una propuesta hecha al Parlamento británico, en mayo de 1857 se constituyó una comisión que empezó a trabajar sobre la manera de abordar la reforma de la Sanidad Militar inglesa. Florence escribió un informe: “notas sobre asuntos que afectan a la salud, eficiencia y administración de los hospitales del Ejército inglés.” En este informe, el planteamiento estaba basado en una concepción, entonces revolucionaria, de la prevención como método de evitar la morbilidad y la mortalidad.

Encontró una oposición importante tanto por parte de los médicos como de los políticos, que se negaban a admitir esos nuevos criterios a pesar de que sus datos corroboraban las importancia de sus planteamientos. Una frase se hizo famosa entre los ingleses y los partidarios de Florence, la utilizaban como emblema de su posición: “nuestros soldados se enrolan para morir en los cuarteles…”.

Aunque su victoria no fue completa ni inmediata, empezaron los cambios; primero fueron en los cuarteles, donde en 3 años se redujo a la mitad el porcentaje de muertes; en la Sanidad Militar tardarían más.

La enfermedad contraída en Crimea la hacía sentirse cada vez peor, por lo que se apartó de la vida pública, pero su actividad intelectual seguía intacta; en 1859 publicó su libro titulado Notas sobre hospitales, en el que insistía en sus planteamientos anteriores y hacía hincapié en la necesidad de ventilar y limpiar adecuadamente las dependencias para reducir la tasa de mortalidad hospitalaria.

La publicación de esta obra hizo que de muchos hospitales de muy diversas zonas le pidiesen consejo y pronto se empezaron a cambiar los planteamientos en gran parte del continente y de las colonias inglesas.

Uno de los hospitales para el que pidieron consejo Florence fue el de Santo Tomás de Londres, en fase de construcción, circunstancia que hizo que pensara en él como lugar idóneo para establecer allí una Escuela de Enfermeras. Mientras se llevaban a cabo las negociaciones, escribió un libro destinado a las “amas de casa” y que obtuvo un éxito importante: se trataba de Notas sobre enfermería. Este libro, que en realidad sólo contiene cuestiones básicas sobre higiene, tuvo la habilidad de escribirlo adornándolo de escenas que recogían el sufrimiento humano, por lo que se convirtió en una especie de “catecismo” para las mujeres, a las qua habitualmente se les decía: “no se requiere nada más que un desengaño amoroso, o incapacidad en otras cosas, para que una mujer sea una buena enfermera…”. Florence, en esta obra, intenta desterrar esta idea que los hombres habían inculcado en la mentalidad femenina y en general en la sociedad.

Primera Escuela de Enfermeras

Sin embargo, no bastaba con un libro, que además no iban a leer los hombres, para que la visión sobre las enfermeras cambiase; por eso, sus esfuerzos se centraron en la obra que proyectaba: crear una escuela para enfermeras. Tardó 6 meses, desde que publicó Notas sobre enfermería, en abrir, en el hospital de Santo Tomás, la primera Escuela de Enfermería.

En 1860, 15 alumnas empezarán por primera vez los estudios en una Escuela de Enfermeras.

Esta primera promoción se encargará de enseñar a las alumnas que en los cursos sucesivos entren en la escuela, y su misión será llevar a cabo las ambiciosas tareas de Florence Nightingale se había marcado

Para conseguir estas metas, al frente de la escuela estaba la Sra. Androper, una mujer plenamente de acuerdo con las ideas de Florence y con el modelo de Kaiserswerth que se quería seguir.

Para acceder a los estudios de enfermería, se efectuaba una selección muy rigurosa y las referencias a las cualidades morales y al carácter tenían un peso importante en la decisión final.

El estudio se realizaba en régimen de internado y las disciplina era muy estricta; llevaban un uniforme sencillo, pero se les exigía que estuviese siempre limpio y planchado. Los estudios duraban un año, aunque durante 2 años debían completar realizando prácticas en el hospital.

La escuela fue un éxito y pronto las solicitudes para acceder a los estudios eran muchas más de las que el centro podía admitir. Las “enfermeras Nightingale” eran solicitadas desde todo el país; en 1867, se mandó un grupo de estas enfermeras a Sydney, y pocos años después, en 1880, las enfermeras de los grandes hospitales de las islas Británicas, Canadá, Alemania, Suecia y Estados Unidos, se habían formado en le Escuela Nightingale.

Muy pronto, otras escuelas, según este modelo, empezarán a funcionar en el resto de Europa y América

Quizá fue ésta, de entre todas las misiones emprendidas por Florence Nightingale, la que más rápidamente consolidó y la que menos preocupaciones le proporcionó.

Otros proyectos

Los acontecimientos de su vida habían ido marcando el carácter de Florence, que ya en su primer trabajo, en la calle Harley, había dado muestras de frialdad y distanciamiento, y ahora, con una enfermedad que la mantenía en una butaca la mayor parte de las horas del día, estos rasgos iban acentuándose. La muerte de su amigo y compañero de trabajo, Sydney Herbert, acrecentó estos rasgos, además de sumirla en una profunda depresión, y desde entonces, se encerró en su casa, recibía escasas visitas, pues se quejaba de que la interrumpían, y se concentró más en su trabajo. Un amigo suyo describió su forma de vida como: “el sistema de trabajo solitario de Florence…”

Su conocimiento de las cuestiones sanitarias habían hecho de ella una experta y como tal era consultada por los políticos. Redactó informes, escribió proyectos de reforma, instrucciones, etc.; una petición de un proyecto de reforma del Ejército británico de la India la mantendría ocupada durante unos meses; también participó activamente en la reforma de los hospicios, en los que las enfermeras de Nightingale, trabajando por primera vez en un establecimiento de este tipo (en el hospicio de Liverpool), tuvieron ocasiones de demostrar su competencia 24 al mejorar ostensiblemente las condiciones de vida de los pobres, disminuyendo las tasas de mortalidad. En Inglaterra victoriana también se “encerraba” a los pobres; los planteamientos eran que si un establecimiento de acogida de pobres era lo suficientemente desagradable y terrible, los ciudadanos se esforzarían en trabajar y no se encontrarían en situación de indigencia (era la nueva mentalidad utilitaria del trabajo, propugnada por la sociedad liberal).

Tras la muerte de su padre, en 1874, tuvo que hacerse cargo otra vez de los asuntos familiares, pero a pesar de ello siguió trabajando. A los 73 años preparó una conferencia para ser leída en Estados Unidos en la “Exhibición de Chicago del trabajo de las mujeres”; dicha conferencia se titulaba: La enfermería de la enfermedad y de la salud.

Los contenidos y el propio título de esta ponencia subrayan la evolución de sus planteamientos en relación con la enfermería, en un principio de marcado carácter hospitalario, para evolucionar más tarde hacia una visión más centrada en los servicios que las enfermeras podían realizar en la comunidad, para lo cual insistía en la necesidad de una formación altamente cualificada; solía decirles a los estudiantes: “…no penséis que hacéis algo útil como enfermeras hasta que, saliendo del hospital, vayáis al domicilio de los enfermos…”.

A medida que pasaban los años, aunque seguía trabajando, su carácter se fue dulcificando y su sentimiento de muerte inminente se hizo menos preocupante.

En 1895 escribió: “He perdido mucho con los fracasos y las desilusiones, también con el dolor, pero la vida es más preciosa para mí ahora, en mi vejez…, hay tanto por lo que vivir…”.

En 1901 perdió la vista, y en 1906, los empleados de su casa informaron al Ministerio de la India que no le enviasen más documentos para trabajar a causa de su avanzada edad. En 1907, el rey Eduardo VII le concedió la Orden del Mérito, y en 1909, el Gobierno dictó la Ley de Pobres, según las recomendaciones de Florence. En 1910, en Nueva York, se celebró el Jubileo de la Escuela de Enfermería Nightingale, pues para entonces, más de

1.000 escuelas funcionaban ya en América.

Ese mismo año, 1910, falleció a los 90 años.

Repercusiones de su obra

Hemos ido viendo la magnitud de sus inquietudes y de su obra; sin embargo, y a modo de resumen, es necesario hacer unas conclusiones.

La principal de sus aportaciones, al menos desde nuestra perspectiva de enfermeras, es sin duda la reforma de la enfermería.

La creación de la primera Escuela de Enfermeras del mundo tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de la enfermería profesional, tanto es así que es precisamente a partir de este momento cuando empezaremos a hablar de la profesión de Enfermería, y aunque el recorrido por el siglo XX sea difícil y esté lleno de pasos indecisos, una cosa ya no cambiará: es el reconocimiento social que, tras la obra de Nightingale, el trabajo de las enfermeras adquirió.

La forma en la que ella entendía la enfermería puede apreciarse claramente analizando la definición que hizo:

“Enfermería es algo más que administrar medicinas y cataplasmas, debe ser hacer un uso adecuado del aire, luz, calor, higiene, reposo y de una adecuada relación y administración de la dieta, todo ello con la menor pérdida de energía por parte del enfermo. Es poner al enfermo en las mejores condiciones para que la naturaleza actúe.”

El análisis que hoy en día podemos hacer del tipo de enfermera que ella propugnaba puede presentar distintos enfoques, pero es necesario tener en cuenta la perspectiva histórica para que el juicio que realicemos sea lo más aséptico posible. La coyuntura del momento en que se desarrolla la vida de Flrence Nightingale, y que he intentado reflejar, en un condicionante que no podemos olvidar a la hora de enjuiciar su obra.

Una enfermera en la que priman las “cualidades morales”, con un espíritu “paternalista” en su educación y su trabajo, con una “sumisión” total hacia el médico, con unos planteamientos de enseñanza enfocados más a la práctica que a la teoría, una orientación preferente a la higiene y a la alimentación, que como recoge en su obra se basaba en la frase “poner al enfermo en las mejores condiciones para que la naturaleza actúe…”, son todas cuestiones que hoy podríamos criticar con facilidad.

No creo que debamos hacerlo, al menos sin tener en cuenta cómo era la sociedad en su conjunto en esa época. Una cosa es que ahora propugnemos un tipo de enfermera diferente, lógicamente en la línea de los tiempos en que vivimos, y otra cosa es pensar que en 1860 los enfoques podían haber sido otros…, quizá así, pero igual no habría conseguido lo que consiguió.

Otras repercusiones, como ya hemos visto, son los cambios: primero en las propias condiciones del ejército británico y en la sanidad militar y más tarde en los hospitales civiles; también la reforma de los hospicios merece un lugar destacado, así como la influencia de sus ideas en William Rathbone (a quien se considera el precursor de la enfermería de salud pública); pero además de estas cuestiones, existen otras repercusiones indirectas de su obra; de las que aún no hemos hablado; en este sentido no podemos dejar de mencionar cómo su ejemplo con los hospitales y los enfermos de Crimea influyó decisivamente en Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, quien al parecer también mantuvo correspondencia con Florence Nightingale, antes de levar a cabo su empresa. La influencia de Florence se dejó sentir en la creación de Escuelas de Enfermería dependientes de dicha institución y que pronto se extenderían también por todo el mundo.

Hay otros aspectos de la vida de Florence Nightingale, en lo que a mí me parece que podría ser interesante ahondar, y son sus relaciones con las sufragistas inglesas; ya hemos visto cómo esta relación existió, pero no conocemos demasiadas cosas de esa faceta. Hay que tener en cuenta que las feministas eran, cuando menos, “molestas” para la sociedad inglesa y que Florence fue considerada una heroína desde su vuelta de Crimea, y que su biografía desde un principio fue “modelada”, muy en la línea de la antigua tradición literaria que tenía carácter “ejemplificador”.

Otra cuestión de la influencia de su obra en la que merece la pena detenerse es su aportación a la estandarización de los registros en los hospitales. Esto hoy en día, nos parece que es una cuestión absolutamente novedosa; sin embargo, en 1870, Florence dio una conferencia en el IV Congreso Internacional de Estadística, y en él se refirió a la necesidad de uniformar los registros en los hospitales.

Para concluir esta visión de Florence Nightingale enfermera, es preciso referirnos a su obra como escritora, que aunque también ya lo he ido señalando, tiene gran importancia desde el punto de vista de la enfermería. Su costumbre de tomar notas, y su minuciosidad en apuntar los más mínimos detalles, le permitió no sólo demostrar en muchas ocasiones la veracidad de sus planteamientos, sino dejarnos constancia de cómo esto puede constituir una actividad imprescindible en el trabajo de las enfermeras.

Modelo propuesto por Florence Nightingale (1859)

El interés de este modelo está en el hecho de que se trata de la primera referencia escrita que describe la enfermeria como una acción profesional con una aportación propia y específica a la atención de la salud. Su autora esta considerada como la iniciadora de la enfermeria moderna.

Escribió un libro llamado “Notes of Nursing: What it is and what is not” recoge lo que concidera como principios de la practica enfermera. Entre su contenido encontramos definidos los conceptos del metaparadigma enfermero. Su conocimiento de las matemáticas y la filosofia, así como su gran sentido religioso marcan su propuesta de lo que para ella debe ser una enfermera .

Definición de los conceptos metaparadigmaticos del módelo

Persona: definida como paciente. Pese a que en algunos de sus escritos se resomienda a las enfermeras que pregunten a los enfermos sobre sus gustos, lo que hace suponer una cierta participación de estos en el proceso de cuidar, la persona para Nightingale es fundamentalmente el paciente pasivo. La persona consta de un componente físico, un componente intelectual, un componente emocional, un componente social y un componente espiritual.

Salud: definida como la ausencia de enfermedad y capacidad de utilizar plenamente los recursos. La enfermedad es considerada como un proceso reparador qu ela naturaleza instaura cuando se produce una falta de cuidado.

Entorno: Considera el entorno como el conjunto de elementos externos que afectan a la salud de las personas sanas y enfermas. En sus escritos nos muestra un interés por los aspectos sociales y emocionales que rodean al enfermo, pero no llega a desarrollar con tanta claridad, como lo hace con los factores físicos, cuál debeá ser el cuidado de dichos aspectos. Del entorno cita como elementos fundamenntales los siguientes: la ventilación, la luz, la limpieza, el calor, el ruido, la dieta y el agua.

Cuidado: se refiere a cuidar. Los ciudadanos son la aportación propia de la enfermera a la atención de la salud, desacando su relevancia en la consecución de la misma.

La manera como F. Nightingale define qué es una enfermera nos permitirá situarnos y entender el significado de su modelo.

Para Nightingale “enfermera” es un atributo propio de la mujer. Para ella ser enfermera significa tener la responsabilidad de velar por alguien, en el contexto social en el que surge su modelo esta responsabilidad recaía directa y plenamente sobre las mujeres.

Enunciados teóricos

En el modelo podemos encontrar las siguientes afirmaciones o enunciados teóricos:

-La enfermedad es un proceso reparador. Es un esfuerzo de la naturaleza por remediar un proceso de envenenamiento

o debilitación, o reacción contra las condiciones en las que se encuentra la pesona.

-El cuidado es un servicio a la humanidad que la enfermera asume y que lleva a cabo poniendo al paciente en la mejores condiciones posible spara que la naturaleza actúe sobre él impidiendo que el proceso reparador se rompa, y así hace efectivo dicho proceso devolviendo la salud al paciente.

-El paciente recibe la influencia de la enfermera pero es un ser pasivo en lo que se refiere al proceso de cuidar .

-La enfermera deberá tener una formación formal y, además de actuar utilizando el sentido común, deberá hacer uso de la perseverancia, la observación y la habilidad.

Clasificación

El modelo de F. Nightingale es un modelo que refleja el paradigma de categorización que no parec estar incluido en ninguna escuela, puesto que se considera como la primera concepción escrita de la disciplina enfermera. Se considera como una filosofía y se engloba en las tendencias ecologistas y naturalista.

El modelo de F. Nightingale fue, hasta los años 50, en el que aparecen nuevos modelos, el referente para la formación de la enfermeras en el Reino Unido, Canadá y EE.UU. Actualmente, el modelo carece de valor práctico para nosotros. Su valor es fundamentalmente sentimental, por cuanto que fue el fundamento de la disciplina enfermera.

La Cruz Roja

Historia y orígenes de la Cruz Roja

El fundador de esta Institución Internacional y emblemática fue Henry Dunant, quien nació el 8 de mayo, en Suiza, en la ciudad de Ginebra. Dedicado a los negocios, un proyecto de creación de fábricas de harinas en Argelia lo lleva, el 24 de junio de 1859, muy cerca del Solferino, en el norte de Italia, en el mismo día que el ejército austriaco se enfrenta con el francés y el piamontés.

Esa misma noche, hay 40.000 muertos y heridos tendidos en total confusión en el campo de batalla. Allí observó cómo los heridos quedaban desatendidos y morían por falta de asistencia, ya que los servicios sanitarios militares eran casi inexistentes.

Ayudado por las mujeres de los pueblos cercanos, se esfuerza por socorrer a los heridos sin distinción de uniforme ni de nacionalidad, viendo en ellos sólo hombres que necesitan ayuda.

Impresionado por este hecho plasmó sus impresiones en el libro “Recuerdo de Solferino”, donde concibe la idea de crear sociedades de socorro en tiempo de paz “…cuya finalidad será cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente cualificados para el trabajo…”. Esta idea fue recogida por un grupo de cuatro ciudadanos suizos pertenecientes a la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública, que junto a Dunant fue conocido más adelante como “Comité de los Cinco”: Moynier, Dufour, Appia y Maunoir. Este comité fue quien impulsó las ideas de Dunant y dio origen en 1863 al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Este Comité, con el apoyo del Gobierno suizo, logra organizar una conferencia diplomática el 8 de agosto de 1864, en Ginebra, en donde participan 24 representantes de 16 países europeos y observadores de los Estados Unidos obteniendo los siguientes resultados: La firma por doce Estados del primer Convenio de Ginebra para proteger a los militares heridos en campaña donde se contempla:

-
Proteger a los militares heridos en campaña.
-
La neutralización y protección del personal sanitario, así como de los hospitales militares.
-
La Cruz Roja sobre fondo blanco como símbolo protector.

-El establecimiento de un Comité permanente que se denominó Comité Internacional de la Cruz Roja (C.I.C.R.).

- Promoción de Sociedades de Socorro.

Hasta entonces, guerra y derecho eran considerados como adversarios irreconciliables. Sin embargo, este convenio viene a demostrar que el derecho tiene poder de acción hasta en la guerra y que, en ciertas cuestiones, puede marcar el comportamiento en los combates.

El Movimiento Internacional que nació para paliar el sufrimiento en los campos de batalla, pronto adquirió el compromiso de prevenir y paliar el sufrimiento en todo momento y lugar. Esto ha provocado una evolución que podemos dividir en tres etapas:

1. Acción humanitaria hacia las víctimas de los conflictos bélicos.

-Derecho Internacional Humanitario.

-Mediación.

-Asistencia a prisioneros y refugiados.

-Acción humanitaria hacia las víctimas de desastres naturales y de otro tipo en tiempo de paz.

-Derecho Internacional Humanitario.

- Prevenir y aliviar.

2. Salud.

-Acción ante desastres.

-Socorros (ayuda en carretera, etc.)

-Acción preventiva y en favor del Bienestar Social y de la calidad de vida.

3. Acción social.

-Cooperación al desarrollo.

-Acciones en pro de la paz.

-Defensa de los Derechos Humanos.

-Medio ambiente.

La aparición de una nueva etapa no supone la desaparición de la anterior, sino que se suma a esta. Por ello, en la actualidad se mantienen estas formas de acción, a las que en un futuro seguramente se unirán otras.

La Convención de Ginebra

Desarrollar un proyecto de ayuda a las victimas en la batalla, solo era viable si sé hacia bajo un consenso internacional. De nada servia, que solamente uno de los dos bandos en conflicto respetara ciertas normas de respeto por las victimas, si el otro no lo hacia.

Para alcanzar este consenso, “el comité de los cinco”, organizo en Ginebra en 1863, una conferencia internacional, a la que acudieron representantes de 16 países. Durante esta conferencia, se redactaron los bocetos de las primeras normas de atención que se debían prestar a los soldados heridos. Estas primeras directrices debían ser estudiadas mas tarde por los gobiernos de los países asistentes. También durante la conferencia internacional de Ginebra se adopto la cruz roja sobre fondo blanco como símbolo de neutralidad, y que se utilizaría sobre ambulancias de guerra, hospitales de campaña, personal medico, voluntarios… para evitar que estos fuesen atacados.

Un año mas tarde, en la segunda conferencia de ginebra, 12 de los 16 países, firmaban el primer acuerdo internacional para la guerra. Este acuerdo incluya 10 artículos sobre el trato que debían de recibir los heridos durante la guerra. Estos 12 países iniciales eran todos países europeos y cristianos, donde ya se estaban comenzando a desarrollar las “organizaciones nacionales”, que en principio se ocupaba de los problemas de su propio país. Era la primera Convención de Ginebra.

Los dudosos:

La aparición de la Cruz Roja, resulto para muchos extraño: ¿Cómo se podían plantear normas durante la guerra “como si fuese un juego”?.

Por un lado, los pacifistas, estaban mas por la labor de acabar con los conflictos bélicos.Por otro lado, los militares, sospechaban que el uso de la cruz roja como símbolo de neutralidad podía terminar utilizándose como mascara para espías, edificios militares, arsenales, falsas ambulancias cargadas de soldados dispuestos a entrar en acción…..

También, la posibilidad de que el gobierno de un país en guerra, fuese tomado por los militares, y por tanto la Organización, que por otra parte si necesitaba de la aprobación del gobierno de su país, quedase bajo el mando de los militares, planteaba ciertos recelos, incluso entre los países firmantes. Para evitar esto, la Cruz Roja debía mantener cierta independencia.

La primera prueba: la guerra franco-prusiana

La guerra Francia y Prusiana de 1870, fue la primera prueba para la cruz roja. Ambos países eran firmantes de la Convención de Ginebra y tenían su organización internacional de la Cruz Roja. El alto contraste entre la alta preparación del ejercito Prusiano y su Cruz Roja, con la mala preparación del ejercito Francés y la Cruz Roja francesa, fue decisivo en el desarrollo de los acontecimientos. La Organización francesa tuvo que aceptar cualquiera que se presentase como voluntario. Ya en el campo de batalla, al ejercito francés se olvido colocar el distintivo sobre sus ambulancias, hospitales… al igual que tampoco explico a sus soldados el significado del brazalete con la cruz roja que portaban los equipos médicos prusianos. La historia oficial de la cruz roja cuenta que se cometieron infracciones de la convención de 1864 por ambos bandos, aunque especialmente por el bando francés: Espías que utilizando el brazalete se adentraban en el campo enemigo, militares que escapaban “escondidos” bajo el emblema de la cruz roja, ladrones que se camuflaban con el emblema para poder robar a los heridos en el campo de batalla…

El fracaso había sido doble: no solamente no se habían evitado los sufrimientos a los heridos, y tampoco se habían respetados los emblemas, llegando a ser estos utilizados para hacer mas cruel la guerra.

Los desaparecidos

En Basilea, Suiza, la cruz roja puso al servicio de la población un nuevo recurso: la posibilidad de obtener información acerca del estado en el que se encontraban los soldados desaparecidos.

Durante la Guerra Franco-prusiana, la cruz roja había obtenido listas de prisioneros de ambos bandos, que intercambio entre si, para que los familiares de los combatientes, pudieran conocer el estado en el que se encontraban estos. También se estableció un correo. Actividad que recuperaría ya en el siglo XX

La adhesión de estados Unidos

La norteamericana Clara Barton, que vivió una situación de conmoción similar a la de Henry Dunat, durante la guerra civil americana de 1861, organizo la financiación y la coordinación de la ayuda sanitaria para el campo de batalla, viajando a diferentes focos de la guerra, para ayudar a los soldados heridos durante esta. Mas tarde, al finalizar la guerra, redacto un registro donde constaba el lugar donde se encontraban enterrados los soldados muertos durante la guerra.

En un viaje a Europa en 1869, Clara Burton conoció la existencia de la Cruz Roja, una organización dedicada a la ayuda durante la guerra. Era su proyecto individual llevado a un plano internacional. Ofreció su ayuda a la Cruz roja internacional y colaboro activamente durante la guerra Franco-prusiana.

En 1873 Clara Burton regresa a Estados unidos, decidida a fundar allí una sede de la Cruz Roja, labor que le llevaría 32 mas de 8 años conseguir. En 1881 finalmente se funda la Cruz Roja Americana, de la que Clara Burton, seria la primera presidenta, un año mas tarde los Estados Unidos de América, firmaban la convención de Ginebra. La Cruz Roja, acababa de dar un paso muy importante al establecerse fuera de los limites de Europa.

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Historia de Enfermería (parte I)

Publicado en febrero 11, 2008. Archivado en: Apuntes, enfermeras, enfermeria, historia, historia de la Enfermeria, medicina, salud | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , |

Fundamentos de Enfermería

Influencias de los siglos XVII, XVIII y XIX en el desarrollo de la enfermería Florence Nightingale, su vida y obra La Cruz Roja

Índice

Influencias de los siglos XVII-XVIII en el desarrollo de la enfermería 3
La enfermería en el siglo XIX 9
Florence Nightingale: su vida y obra 15
La Cruz Roja 28
Bibliografía 46

Historia de la enfermería: Influencias de los siglos XVII-XVIII en el desarrollo de la enfermería Introducción

La gran crisis económica, las condiciones políticas de centralización, la rebelión protestante, la precariedad en la sanidad y la posición de la mujer en la sociedad son rasgos que caracterizaron la Edad Moderna. Todos estos acontecimientos que tuvieron lugar en este periodo influyeron en la práctica de enfermería.

Las ideas renacentistas traen consigo una nueva polémica sobre la pobreza y la limosna plasmándose estos nuevos planteamientos en una nueva consideración social hacia los enfermos y el enfermar.

A pesar de los nuevos planteamientos, los cuidados continúan siendo precarios. De hecho, el contacto con el nuevo mundo introducirá en Europa nuevas enfermedades, la sífilis por ejemplo, y que esto supondría un cierto estímulo en el intento de curación del enfermo, la asistencia en general sigue siendo de características arcaicas, incluso parece que era más valorada socialmente la atención puramente humana (cama, comida y asilo espiritual), en lugar de lo que sería más lógico esperar: una atención sanitaria especializada.

Ésta y otras enfermedades de nuevo cuño que empezarán a valorarse a partir de esta época, junto con los nuevos planteamientos ante la pobreza y marginación, que cada vez más, a medida que avanza el siglo XVII, se irán afianzando en la sociedad moderna, llevarán a la creación de otro tipo de instituciones asistenciales destinadas a albergar, más que a curar, a los marginados y enfermos que se concentran en las ciudades, son los hospitales llamados incurables.

Influencia española en América

La presencia de españoles en América supuso, aparte de la transmisión de nuevas enfermedades, la transmisión de nuevos remedios y la adquisición de nuevos planteamientos sobre asistencia y cuidados de enfermos, influyó también en la concepción de salud, enfermedad y criterios para su curación.

En 1502 por la influencia de los españoles se fundó “La Española” el primer hospital en Santo Domingo, después de este fueron fundados otros muchos.

Reordenación de los hospitales medievales

Desde el siglo XVI fueron agrupándose los hospitales urbanos antiguos (más pequeños) en establecimientos más rentables. Muchos de estos hospitales urbanos, bajo el auspicio de cofradías y hermandades, irán especializándose

progresivamente en atender solo a enfermos. Poco a poco se fueron abandonando los hospitales rurales (aunque muchos no llegaron a desaparecer) y algunos pasaron a convertirse en hospitales-asilos.

A medida que avanza la época Moderna se aprecia más la tendencia a la duplicación del sistema asistencial español. Por un lado los hospitales que cada vez tienden a especializarse más, y por otro lado, los hospicios o asilos son los que se encargan de recoger a todo tipo de marginados sociales.

Nuevos planteamientos ilustrados ante la enfermedad y la pobreza

En el siglo XVIII en España empieza a contemplarse la enfermedad como una situación humana científicamente vencible. El pensamiento ilustrado de este siglo también influirá en la evolución de los hospitales.

En la mitad del siglo XVIII las autoridades políticas ilustradas consideran los hospitales como centros anacrómicos y atrasados, tenían una tendencia clara en reconvertir en centros asilares, lo que supuso un retroceso claro de la red hospitalaria asistencial.

A lo largo de todo este periodo moderno, siglos XVI al XVIII, la atención a los enfermos dejaba mucho que desear. Los enfermos continuaban estando hacinados; la higiene no era un requerimiento indispensable ni para el enfermo ni para el hospital; la alimentación era escasa (poco variada); los medios utilizados para tratar a los enfermos seguían siendo rudimentarios, y los tratamientos médicos seguían dando escasos frutos.

La preocupación de las autoridades por los problemas de salud se pone también de manifiesto en distintas leyes, en la que se establece que no se permitirá salir a la calle a los que estuvieran enfermos de diferentes enfermedades contagiosas: ” No se permitirá que anden por las calles los que estuvieren enfermos del mal de San Lázaro, fuego de San Antón, tiña, lepra y otras enfermedades contagiosas, haciéndolos recoger en los hospitales si no tienen comodidades y proporcionar para estarlo en sus casas”.

Creación de las casas de misericordia

Entre los marginados de las ciudades, cada vez más numerosos debido a la crisis económica como a la política centralizadora que el Estado moderno practicaba, se encuentra toda clase de desarraigados y también enfermos. La pobreza constituye un problema masivo y de primer orden en las sociedades del Antiguo Régimen, siendo una de las enfermedades más graves de toda la época, y configurando a todos los indigentes como a una población de riesgo ante todo tipo de enfermedades.

El Estado, para controlar esta situación, inicia la creación de las llamadas Casas de Misericordia, instituciones asistenciales que proliferarán a medida que avancen los siglos.

La proliferación de estos establecimientos llenaron pronto la geografía española, aunque recibieron distintos nombres todos ellos tenían la misma finalidad: una especie de “reclusión” de vagos y pobres, muy en la línea de las teorías que sobre la pobreza, la mendicidad y la limosna caracterizarán posteriormente a los ilustrados; estas instituciones son: hospicios, casas de expósitos, inclusas, orfanatos, casas de beneficencia, casas de pobres, casas de caridad, albergues, refugios y asilos.

Muchos de estos establecimientos surgen bajo la iniciativa de la nobleza y de las oligarquías urbanas, lo que supondrá una tendencia a la secularización de la asistencia. La iglesia, en contra de la secularización, decidió, en el Concilio de Trento, que todos los establecimientos laicos, tanto hospitales como casas de misericordia, estarían sometidos a la supervisión y control del obispo, lo que haría perdurar las connotaciones de caridad como virtud evangélica que a la asistencia había venido dándose.

Cuidados a los enfermos. Nuevas órdenes de enfermería

Lo primero a señalar es el carácter religioso de las personas que se dedican a prestar cuidados. Por esto es lógico que en el hospital surgieran una serie de Órdenes religiosas, que, respondiendo a los criterios de caridad como virtud religiosa, se dediquen a cuidar a los enfermos y necesitados.

Las más importantes son: los Caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, los Hermanos de San Camilo de Celis, y sobre todo, los Hermanos de San Juan de Dios o Hermanos de La Misericordia, y las Hermanas de La Caridad.

Los Hermanos de San Juan de Dios o Hermanos de Misericordia.

Fue fundada por Juan Ciudad (San Juan de Dios) en 1538. Según parece una herida de guerra le llevo al Hospital Real de Granada donde luego se quedaría en calidad de “enfermero”, hasta que años después fundó un hospital, en un principio estuvo atendido por laicos pero pocos años después seria atendido por frailes. Se centraba su dedicación a atender las necesidades de enfermos y necesitados, tanto en el hospital como fuera de él, en las casas de los enfermeros.

Es una orden masculina que fiel a los preceptos de su fundador a seguido ocupándose del cuidado de los enfermos, y que con esta finalidad empezó a estenderse rapidamente por Europa y posteriormente por el continente americano, dedicándose de una forma especial al cuidado de enfermos

Vicente de Paul

mentales.

Las Hermanas de la Caridad o Hijas de la Caridad:

Fue un sacerdote de San Vicente de Paul el fundador de esta orden, en este caso, femenina en 1633. Orden religiosa femenina que se dedicaba enteramente al cuidado de enfermos y necesitados. Los cuidados que practicaban estaban más enfocados a la ayuda espiritual y a cubrir las necesidades más básicas del individuo que a unos cuidados sanitarios especializados, ya que, los recursos eran muy escasos, pero a pesar de todo, la aportación de las hermanas de la caridad fue indispensable.

En primer lugar, las hermanas eran seleccionadas en función del trabajo que tenían que desempeñar y posteriormente eran formadas para ello. San Vicente se encargaba de darles semanalmente unas charlas que orientan espiritualmente su futura actividad. Una vez formadas en este terreno, se incorporaban al trabajo asistencial, en el que durante un período de 2 meses permanecían a prueba, para después continuar durante 5 años el período completo de aprendizaje. El trabajo lo realizaban tanto en hospitales, cualquiera que fuese su orientación, especializados o no (aunque muy pronto tuvieron una dedicación especial hacia los niños enfermos

o desamparados), en asilos, casas de maternidad, hospicios, etc.… y también las casas de los propios necesitados.

Estaban en obligación de llevar uniforme de características seglares: una túnica azul grisácea, un delantal, un cuello blanco almidonado y un tocado en forma de alas.

La influencia que la Hermanas de la Caridad ha supuesto para la enfermería de los siglos posteriores merece una consideración especial, siendo preciso reseñar dos aspectos concretos:

-Una primera cuestión, aunque podría ser considerada banal, es elinflujo que su “hábito”, ha representado para las enfermeras de lossiglos XIX y XX; así, aún hoy, en algunos lugares puede comprobarse como las enfermeras siguen realizando el trabajo hospitalario provistas de un uniforme compuesto de delantal, y hastahace pocos años (el cine se ha encargarlo de reflejarlo), la “cofia”,típicas de las enfermeras, no es sino una reminiscencia del tocadocaracterístico que llevaban, o habían llevado, las monjas de la caridad; en cuanto a los “cuellos almidonados” y los “manguitos”,hasta hace pocos años formaban parte del uniforme que las estudiantes de enfermería y también las profesionales debían llevar.

-La otra cuestión es el precedente que supuso para la profesión de
enfermería el que estas monjas estuvieran sometidas, tanto a una
selección como a un período de aprendizaje, previos a la
realización de la labor asistencial que tenían encomendada.

Los Caballeros hospitalarios

Los Caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, fue una orden muy adinerada por lo que pudieron equipar los hospitales mejor que otras órdenes. Se distinguieron por su labor en el campo de la enfermería hasta la expulsión de los cristianos de Palestina. Los Caballeros Teutónicos, adquirieron gran poder en Alemania y les cedieron la administración de muchos de sus hospitales. Para los miembros de los Caballeros de San Lázaro, quienes además de ser guerreros habían padecido el azote de la lepra (sífilis y enfermedades crónicas de la piel), ésta se convirtió en su objetivo puesto que los leprosos habían sido excluidos de la sociedad en instituciones conocidas como lazarettos o leprosarios (en Colombia fueron famosos hasta hace poco tiempo, Agua de Dios y Contratación). Son muchos factores los que hicieron perder el interés de estas órdenes por la enfermería, pero parece que uno muy importante fue la desaparición de las Cruzadas.

La enfermería en el siglo XIX

La situación social

Los origenes de la enfermeria moderna, tienen lugar en la segunda mitad del siglo XIX. Esta, es una epoca caracterizada por las grandes revoluciones, tanto sociales como cientificas. En Inglaterra la comenzado la revolución industrial, dando lugar a la aparición de una clase social proletaria, y una burguesa que comienza a acaparar los puestos de poder, en decrimento de los nobles. Se producen también durante estos años grandes descubrimientos en el campo de la medicina, tanto microbiología como en inmunología (aparece la vacuna de la Viruela, se detectan y aislan bacilos como el de la tubercolosis, la colera o el paludismo…), También, aparece el concepto de prevención, y comienza a nacer una nueva conciencia acerca de los derechos de la persona.

Las fuertes corrientes migratorias hacia los grandes núcleos urbanos, en busca de trabajo en las zonas industrializadas, se unira a la falta de lugares dignos donde estos puedan habitar, lo que llevara a estas masas a vivir en lugares insalubres, hacinados, en viviendas sin las condiciones higienicas minimas, en barrios mal estructura-dos, sin agua corriente, ni alcantarillado, lo que aparte de convertirse en una de las causas del aumento de enfermedades se convertira tambien en una de las causas de la propagación de las enfermedades contagiosas.

También, la revolucion industrial, traerá consigo la aparición de nuevas enfermedades, relacionadas directamente con las actividades laborales. La explotación en el trabajo, la alineación, los accidentes laborales, la utilización de los niños como mano de obra barata, y el empobrecimiento en general de las clases sociales más bajas que influira directamente en un deterioro de su alimentación, seran algunas de las causas del aumento de las enfermedades durante esta epoca.

Como consecuencia de estos cambios, apareceran algunos personajes criticos con la nueva situación y que intentaran hacer algunas reformas sociales como Howard, o Fry, que trabajaran para cambiar las condiciones sanitarias en las carceles.

También, durante esta época, aparecen los movimientos de liberación feministas, que tendrán un desarrollo íntimamente ligado al de la enfermería. Comienza una toma de conciencia y lucha de las mujeres por sus derechos y su emancipación social; así como por la igualdad real en la sociedad. La situación social de partida de las mujeres es la de sometimiento en el ambito familiar y en el hogar.

El primer signo de protesta se produce en 1791 cuando Olimpia de Gouges proclama ante la Asamblea Nacional Francesa la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

Para Mary Wollstonecraft, la clave para superar la subordinación femenina era el acceso a la educación. Las nuevas mujeres educadas no sólo alcanzarían un plano de igualdad con respecto a los hombres, sino que podrían desarrollar su independencia económica accediendo a actividades remuneradas. John Stuart Mill sitúa en el centro del debate feminista la consecución del derecho de voto para la mujer: la solución de la cuestión femenina pasaba por la eliminación de toda traba legislativa discriminatoria. Una vez suprimidas estas restricciones, las mujeres superarían su “sometimiento” y alcanzarían su emancipación.

En estos años tambien la medicina sufre grandes cambios:

-Jean Nicolás Covisart, termina por implantar un sistema de diagnostico “exacto y fiable” basado en los diferentes sonidos producidos por el tórax, cuando este es golpeado. La técnica habia sido descrita, medio siglo antes por Leopoldo Auenbrugger.

-Jener descubre la primera vacuna (para la viruela) a principios del s.19.

-Pasteur al principio se dedicó a estudiar las fermentaciones, pero en esos estudios descubrió gérmenes patógenos, vacunas (rabia) y zoonosis.

-Koch descubrió mediante técnicas de tinción, el bacilo de a tuberculosis, el del cólera, paludismo y gérmenes causantes de infecciones quirúrgicas.

-Laennec inventa el estratoscopió, lo que supone la delimitación de cuadros semiológicos de enfermedades cardíacas y pulmonares.

-Semmelweis escribe en 1857 su obra “De la etiologia, el concepto y la profilaxis puerperal” tras un largo estudio y observación metódica sobrelas causas de la fiebre post-natal. Relaciona la muerte de las madresparturientas, con el transporte de “partículas de cadáveres” adheridas a lasmanos de médicos y estudiantes que tienen a su cargo la atención de lasmadres en trance de parto. Para evitar esto, propone el uso de solucionescon cloruro de calcio para el lavado de manos de los médicos antes de atender y examinar a sus pacientes. Esta medida higienica se inicia amediados de mayo de 1847.

-La medicina experimental va tomando fuerza, y tras los descubrimientos de Pasteur y Koch, se establece una mentalidad “etiopatológica” en la comprensión de las enfermedades infecciosas. Se demuestra la existencia del “contagium animatum”, los microorganismos.

-En 1848 Claude Bernard en Francia descubre en el páncreas de animales una sustancia que emulsiona y saponifica las grasas (la enzima lipasa pancreática).

-Comienza a usarse el éter, para dormir a los pacientes que van a ser intervenidos quirúrgicamente.

Las Diaconisas de Kaiserswerth: La primera escuela de enfermeria

Teodor Fliedner y su esposa, Frederika Munster, inspirados en las actividades de las diaconisas menonitas de Holanda y el movimiento de reforma en las prisiones de Inglaterra, promoverán en Alemania, la creación de una sociedad de enfermeras visitadoras “Las Diaconisas de Kaiserswerth”.

Así el instituto de las Diaconisas de Kaiserswerth, creado en 1836, fue uno de los factores más importantes en la regeneración de la enfermería. El reconocimiento de la necesidad de los servicios de la mujer hizo posible la concentración de este movimiento.

Entre los servicios prestados por el instituto de Kaiserswerth se incluían:

-La enfermería

- La ayuda a los pobres

-El cuidado a los niños

- El auxilio a las mujeres presas,

-La enseñanza. Es aquí donde, sin duda, cristalizó la contribución social del trabajo femenino que, mas tarde, se consolidará con los movimiento en pro del sufragio universal y de la igualdad, procurando la inclusión de la mujer en actividades reservadas al ámbito masculino. Todo este proceso culminó con la

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dotación de carácter profesional a ciertas actividades, consideradas femeninas
y que aparecían bajo “formas de servicio altruista”.

El matrimonio Fliedner centró su atención en el cuidado de los enfermos, para lo que abrió un pequeño hospital con una escuela de formación para las Diaconisas.

Los objetivos de la enseñanza se basaban básicamente en la

Imagenes del instituto de las

profesionalización, durante un curso que duraba 3 años. Diaconisias

La reina Victoria, impresionada por las altas tasas de mortalidad infantil (falta de higiene, mala alimentación…) en Inglaterra, propone un sistema de atención domiciliaria. El gobierno ingles, creara el “fondo Nightingale” Con el que fundara la primera escuela de enfermeras en Inglaterra, el Hospital de Santo Tomás en 1860. En esta escuela, con un programa de educación propio las enfermeras recibían formación técnica y practica acerca de los cuidados de enfermería y al final, para poder ejercer debían superar un examen.

La situación social en España: La ley general de beneficencia

En España, que durante el siglo XIX ha sufrido un importante boom demográfico, se produce una situación paradójica ya que a pesar, de librarse de las pestes mediterráneas, y de producirse un fuerte descenso de las epidemias por la aparición de la vacuna contra la viruela, la esperanza de vida no supera los 35 años, y hay unos altos índices de mortalidad infantil, pobreza y hambruna. Las causas de estos altos índices de mortalidad principalmente son:

- Enfermedades infecciosas (cólera, fiebre amarilla, tifus…)

-Malnutrición

-Malos hábitos de higiene.

Durante el reinado de Carlos III se pone en marcha un plan de beneficencia social y sanitaria cuya forma de pago es a través de bienes del estado, del clero y por otras instituciones. En 1822 se promulga la Ley General de Beneficencia, financiada con fondos del estado, y dirigida exclusivamente a los pobres, que se establece a tres niveles:

-Domiciliaria, orientada a remediar necesidades temporales y de urgencia. Se encarga el municipio. Se establece una asistencia médica y farmacéutica a domicilio.

-
Beneficencia provincial, orientada al remedio de necesidades a medio plazo (niños abandonados huérfanos, ancianos, enfermos contagiosos…) Es responsabilidad de la diputación provincial. Se incluyen casas de expósitos, asilos y hospitales provinciales.
-
Beneficencia general, destinada al remedio de necesidades permanentes, a cargo del estado.

Las Profesiones sanitarias continúan siendo controladas por el tribunal del protomedicato, que es suprimido en 1822 con la ley de beneficencia. La organización se realiza a través de juntas de beneficencia y por las juntas de la caridad. Se inicia una acción contra las pestes y enfermedades endémicas, aumenta la preocupación por la higiene.

Tras la ley de Beneficencia, se mantienen las cofradías y organizaciones asistenciales. Continúan los cirujanos romancistas, cirujanos que no pueden practicar todas las operaciones por no haber terminado la carrera. A las parteras se les reconoce una formación teórico práctica. Practicantes y matronas adquieren un status importante. El papel del 13 enfermero no queda incluido en las profesiones sanitarias, aunque es reconocido como oficio.

La ley Moyano, y las primeras escuelas de enfermería

En 1857, mediante la Ley Moyano se regulan las profesiones sanitarias. Aparece y se crea la Carrera de Practicante, por el desarrollo de la propia ley, y en esta categoría se engloban a todos los que prestaban servicios de ayudantes de médicos, como los cirujanos y los barberos, que practicaban procedimientos médicos y quirúrgicos. En esta ley se establecían los conocimientos teóricos y prácticos que se necesitaban tener para conseguir el título de practicante. La enseñanza se realizaba en las facultades de medicina. Era una enseñanza Libre, a los que se atribuyen tres funciones fundamentales que se califican como “ARTES” en sus planes de estudio:

-Callistas.

-Dentistas.

-Asistentes a partos.

Esta titulación queda casi exclusivamente en manos de hombres, debido a que no era muy normal que a las facultades asistieran las mujeres.

En 1876, se regulará también la titulación de matrona, limitándose su actuación a la asistencia de partos normales. La formación de las matronas también dependía de la facultad de medicina y estaba representada exclusivamente por mujeres.

La primer escuela de enfermería en España, es la Escuela de Santa Isabel de Hungría fue fundada por el Doctor Federico Rubio, en 1896. En ella solamente se admitía mujeres y se otorgaba un título no oficial. Años más tarde se fueron creando otras muchas escuelas como la de la Cruz Roja (damas de la Cruz Roja).

Es esta época, la gran mayoría de las enfermeras eran religiosas.

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