Fundamentos de Enfermeria (II) El reformismo…

Posted on febrero 22, 2008. Filed under: Apuntes, enfermeria, historia de la Enfermeria, Uncategorized | Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , |

El reformismo.

El movimiento reformista, tuvo una gran influencia en la modernización de la vida de la mujer en España, repercutiendo directamente en la enfermería española. A partir de la institucionalización del reformismo social, la mujer comienza a incorporarse al mundo laboral y al sistema educativo. Este proceso es impulsado y dinamizado por la revolución industrial y el auge del movimiento obrero.

En España, el movimiento reformista, crea la Comisión de Reformas Sociales (1.883) (la obra de esta comisión obra culmina ya en el siglo XX, con la creación en primera instancia del Instituto de Reformas Sociales 1903, y más tarde del Instituto Nacional de Previsión en 1908), que será la encargada de analizar la realidad social del país. A partir de ese momento y tras una serie normativas legislativas, se institucionalizaran y profesionalizaran la sanidad y la enfermería.

Concepción Arenal, fue el máximo exponente de la enfermería durante estos años. A través de un análisis de la realidad social, benéfica y penitenciaria denunció la necesidad de suplir las carencias existentes en cuanto al personal de enfermería y los servicios de enfermería, que hasta ese momento eran desempeñados por criadas con escasos recursos económicos y limitados conocimientos culturales, sirvientas sin conocimientos técnicos, y en la mayoría de los casos sin saber leer ni escribir.

Las raíces de la obra de Concepción Arenal hay que buscarlas en los pioneros del reformismo anglosajón y alemán: Howard, Elizabeth Fry, Dorothea Lynde Dix y Teodoro Fliedner, todos ellos tuvieron un denominador común: la reforma de los servicios de enfermería estuvo precedida por un período de análisis de la realidad social y penitenciaria de sus respectivos países.

En 1863, nombrada visitadora de prisiones en Galicia, fundó una asociación de mujeres “Las magdalenas” que se encargaban de visitar a las presas en las cárceles y de ayudarles. En España, la principal fuente de influencia que repercutió en Arenal se encuentran en el movimiento krausista (Sanz del Río, Gumersindo Azcárate, Giner de los Ríos, Fernando de Castro).

Concepción Arenal observa y recoge cinco principios que debe guardar toda persona dedicada a la enfermería:

-Cuidado en la asistencia.

- Conocimientos sobre la alimentación.

-Honestidad.

-Aseo.

-Orden.

Concepción Arenal, recogio sus conclusiones tras el análisis de la labor sociosanitaria visitadora, en dos volúmenes: “El visitador del pobre” y “El visitador del preso”.

La enfermería española del XIX se caracterizó por una extremada penuria.

Florence Nightingale: su vida y obra

Antes de Florence Nightingale

En la época de los primeros cristianos la practica dela asistencia sanitaria se basaba en sentimientos de desprendimientos y de amor al prójimo que propiciaban la existencia de un clima de interés por las necesidades de las personas enfermas. Las acciones de aquellos que se dedicaban a auxiliar a los demás estaban dirigidas a tratar de aliviar a los enfermos de manera que éstos pudieran llevar una vida mas sana y feliz.

Los cambios de las fuerzas sociales y de las estructuras políticas afectaron lógicamente a la práctica de la asistencia sanitaria, y a lo largo de la historia de los siglos siguientes esta práctica paso por diferentes fases de progreso y retroceso, logrando finalmente superar múltiples adversidades y alcanzar la Edad Moderna, época en la que aparece una mujer muy importante en el ámbito de la enfermería, Florencia Nightingale. Durante los años que mediaron entre la vida activa de Florencia Nightingale y el comienzo de la segunda guerra mundial la asistencia sanitaria apenas experimento ningún proceso. Este periodo podría denominarse la era de la conservación o la era de los cambios escasos.

Introducción

Fue preciso esperar a la época de Florence Nightingale (1820-1910) para que la asistencia sanitaria comenzara a adquirir cierta consistencia estructural orientada hacia la realización de acciones deliberadas.Aunque en su época la asistencia sanitaria poseía una escasa base formal, ella puso en tela de juicio tradiciones y prácticas que se habian aceptado durante muchos años, elaboró sus propias reglas e implantó una disciplina muy severa para lograr alcanzar aquellos objetivos que juzgaba necesarios para proporcionar la mejor atención a los pacientes. A pesar de su temperamento rebelde, su capacidad de previsión le permitió alcanzar logros admirables y establecer algunas bases firmes en las que la práctica sanitaria continúa apoyandose en la actualidad. Prestó gran importancia a la preparación, surgiriendo que los conocimientos que ha de poseer la enfermera son diferentes de los que precisan un supervisor o un administrador para realizar su trabajo. También se interesó por que las enfermeras recibieran una remuneración justa,

aunque la jornada laboral de doce horas, la semana laboral de siete días y cinco centavos de subida salarial después de un periodo de prueba de seis meses no admiten comparación posible con las demandas de trabajo y sueldo de nuestra época. Lamentablemente Florence Nightingale no tenia una opinion favorable de los técnicos sanitarios masculinos y no prestó atención alguna al proceso de la asistencia sanitaria. De todas formas, esta mujer admirable merece que se la considere como la fundadora de la práctica sanitaria moderna a la que elevó al rango de profesión respetada y respetable.

Florence Nightingale: su vida y obra

Comienzos: su preparación, toma de decisiones

Vida larga e intensa la de esta mujer que en el año 1820 vino al mundo en la ciudad de Florencia (Italia), donde su familia pasaba una temporada. Eso parece que fue el motivo de llamarse Florence.

Era la segunda hija de un matrimonio inglés, protestante, de situación social privilegiada, que recibió una amplia educación, más de la habitual para las mujeres de su tiempo. Recibió lecciones, junto con su hermana, de griego, latín, historia, filosofía y matemáticas, además de francés y alemán.

Su juventud la pasó recorriendo diversas ciudades europeas que eran frecuentadas por sus padres con asiduidad, lo que le permitió perfeccionar los idiomas que había aprendido, así como conocer otras realidades sociales distintas de la inglesa.

Una cualidad tendrá desde joven y es su afición por escribir, primero su diario y luego toda serie de notas y ensayos sobre distintas cuestiones que le fueron interesando a lo largo de su vida y que han permitido conocer muchos de sus pensamientos y de sus preocupaciones.

La sociedad inglesa de esa época (igual que las del resto de Occidente) esperaba que las mujeres jóvenes, de clase acomodada, siguieran con la tradición establecida y demostraran unas cualidades morales y sociales que eran implícitas a la condición femenina y social; así, se esperaba de ellas que fueran calladas, sumisas, obedientes, distinguidas, religiosas, buenas amas de casa, dispuestas siempre ha agradar y que ocupasen sus ratos de ocio en hacer buenas obras, además de estar dispuestas para el matrimonio, en el momento que sus padres así lo dispusieran.

Esto era también lo que la familia nightingale deseaba para sus hijas, por lo que el primer enfrentamiento familiar se produjo ante la negativa de Florence a casarse con Henry Nicholson, hermano de una amiga suya. Este hecho ponía de manifiesto un carácter de una determinación que no era, ni mucho menos, ideal para una mujer de su tiempo. No sería la única ocasión en que rechazaría una oferta de matrimonio.

Las obras caritativas, obligación moral de las mujeres acomodadas, también formaron parte de su vida; por eso escribió en su diario: “Absorbe mi mente la idea del sufrimiento del hombre…, apenas puedo ver nada más…, toda la gente que veo está consumida por la preocupación, la pobreza o la enfermedad…”.

Su rechazo de la vida tradicional y la situación social que contemplaba le habían producido una depresión que le hacia ver su propia vida vacía y sin aliciente; no existían salidas posibles para la mujer que quería ser diferente.

Será en 1844, a los 24 años, cuando aprovechando la estancia en su casa de un americano amigo de sus padres, el Dr. Samuel Howe, hable con él y le pida consejo sobre la posibilidad de que una mujer respetable como ella se dedique a trabajar de enfermera en un hospital; a pesar de los ánimos que recibió, no era nada fácil, ni plantearlo en su casa, ni acceder a ese tipo de trabajo.

Los hospitales ingleses seguían la misma tónica que los del resto de Europa: eran oscuros, sucios, húmedos, estaban mal organizados y los enfermos se encontraban allí en una situación lamentable, hacinados, mal cuidados y con pocas o ninguna esperanza de curación. Además, las enfermeras inglesas tenían fama de borrachas, negligentes y sucias.

Un lugar al que la sociedad inglesa consideraba mejor no ir y que, por tanto, eran considerados inaceptables para que una “dama” entrase en ellos a trabajar. Evidentemente, también la caridad tiene un límite.

La dificultad que esto entraña le hizo estar un año buscando la forma de dar el paso que deseaba; pero lo aprovechó para empezar a estudiar, en secreto, informes de hospitales que recabó de sus amistades europeas, para conocer como eras dirigidos y que necesitaban para mejorar. En Octubre de 1846, recibió un informe relativo a una institución alemana en la que las mujeres religiosas, respetables, cuidaban a los enfermos: eran las “diaconisas de Kaiserswerth”.

Las diaconisas de Kaiserswerth pertenecían a una orden anglicana que inicialmente se dedicó a la atención de presos liberados y que extendió su acción social al cuidado de los enfermos, abriendo un hospital y una escuela para la formación de las diaconisas en 1836 en dicha ciudad. Su trabajo en el hospital, al estilo del realizado por las Hermanas de la Caridad, hizo que su labor recibiese un reconocimiento importante en Alemania, que pronto se extendería a Inglaterra.

Sin embargo, todavía no iría Florence a Alemania. Pasará primero una temporada en Roma, donde conocerá a un hombre que se convertiría años más tarde en un aliado importante para su causa: Sidney Herbert. Después viajaría 18 a Egipto, y a su regreso visitaría brevemente Kaiserswerth, lo cual le daría la oportunidad de escribir un folleto sobre la labor que realizaban las diaconisas.

Sus intentos de vida independiente le originaron numerosos problemas familiares, por lo que se vio obligada a quedarse en Londres acompañando a su hermana durante 6 meses. En ese tiempo entrará en contacto con Elizabeth Blackwell, una de las primeras mujeres “doctoras”, lo que será decisivo en su determinación.

Así, en 1851 plantea a su familia su decisión irrevocable de marcharse a Kaiserswerth, y, acompañada en esta ocasión por su madre y su hermana para hacer ver a la sociedad inglesa que se iba a un balneario, se integrará en un duro proceso de aprendizaje en dicha institución. Este viaje le sirvió para dos cosas: por una parte, se inició en el cuidado de enfermos, y por otra, se distanció definitivamente de su madre y hermana, que no fueron capaces de entender y aceptar los planteamientos de Florence.

Cuando las tres mujeres volvieron a Londres, el padre estaba enfermo, y Florence tuvo que cuidarle y acompañarle fuera de Inglaterra para un tratamiento médico; en este espacio de tiempo, consiguió ser comprendida por su padre, en quién encontraría en adelante un aliado para sus planes. Merece la pena destacar un ensayo que escribió durante estos días, lo título Cassandra, y en él hacía una descripción sobre un día típico en la vida de una hija de una próspera familia victoriana: “nunca podemos seguir ningún objetivo durante dos horas, porque no podemos exigir soledad…”, “en la vida doméstica y social una está limitada, bajo pena de ser juzgada de hosca, a hacer una observación cada dos minutos…”.

Su regreso a Inglaterra supuso verse otra vez atrapada en la red familiar, y esta vez fue el consejo del cardenal Manning, de la Iglesia católica, lo que la hizo ponerse en contacto con las Hermanas de la Caridad. Fue así como marchó a París y empezó a trabajar como enfermera, completando su aprendizaje en el hospital de las Hermanas de la Caridad.

Su formación práctica estaba realizada y sabía sobre la organización de hospitales más de lo que nadie imaginaba, gracias a los informes que había ido recopilando y estudiando.

Vida Laboral:

Su primer trabajo lo obtuvo en Londres en 1853, tenía entonces 33 años y fue como Superintendente de la institución de Damas inválidas inglesas. Era una casa en el número 1 de la calle Harley, la cual tenía que convertir en hospital. Planificó con minuciosidad hasta el más mínimo detalle: agua caliente, ascensores para transportar la comida, timbres para que las enfermas llamasen, ropa de cama. Almohadas, cortinas, utensilios de limpieza, carbón, etc., es decir, hasta el más pequeño detalle estaba controlado. Sin embargo, la junta administradora so entendía cómo hacían falta tantas cosas y el presupuesto les parecía excesivo (la sociedad victoriana no estaba acostumbrada a que un hospital generase tantos gastos); la oposición que encontró fue importante, pero a pesar de ello siguió adelante con el proyecto. La mayor dificultad la tuvo en encontrar enfermeras que se adaptasen a sus planteamientos y que fuesen mínimamente capaces de atender a las enfermas en la línea en que lo había visto hacer, tanto a las diaconisas como a las Hermanas de la Caridad. Su supervisión atenta y pormenorizada consiguió sacar el proyecto adelante, y el hospital empezó a funcionar.

Sobre la base de esta experiencia, elaboró informes exhaustivos sobre los defectos del sistema sanitario inglés y empezó a trabajar en el proyecto de reclutar hijas de granjeros para que se preparasen para ser enfermeras, según el modelo de Kaiserswerth.

Florence se había convertido así en una mujer distinta, había pasado a formar parte de una minoría femenina que trabajaba, minoría dentro de su status social. Unos años después, en 1866, firmaría un manifiesto a favor de los derechos de la mujer. Junto a su firma se encontraban las de otras eminentes mujeres inglesas que destacaban en la lucha sufragista como: Harriet Martineau, Mary Somerville y la que luego sería líder del movimiento feminista inglés, Millicent Garret Fawcett.

Crimea: una experiencia que marcará su vida.

Crimea es una península situada en el mar Negro, en la región de Ucrania. Allí tuvo lugar, entre los años 1853-1856, la que ha sido conocida como “guerra de Crimea”. La causa inmediata que la provocó fue la disputa sobre la custodia y privilegios especiales de los monjes cristianos de los Santos Lugares. Napoleón III apoyaba a los representantes de la Iglesia católica: por su parte, el zar Nicolás I defendía la de los monjes ortodoxos griegos; en el fondo existían otros problemas políticos: la debilidad creciente del imperio otomano y los deseos de Rusia de asegurarse una posición en el Bósforo. Así, Rusia por un lado y Francia, Turquía, Cerdeña e Inglaterra por otro, entraron en un conflicto que tendría consecuencias importantes para toda Europa (también para España).

La sociedad británica seguía con interés el desarrollo de la guerra, pero las noticias no eran buenas: el clima era frío, la alimentación escasa y el hambre abundante; la enfermedad hizo aparición en forma de “cólera”, lo que le costaría al ejército británico más vidas que la misma guerra.

La organización sanitaria del ejército británico, excesivamente burocratizado, se vio desbordada ante esta situación, y el hospital situado en los barracones de Escutari era incapaz de atender al gran número de enfermos y heridos que llegaban hasta él. Los enfermos estaban en condiciones deprimentes, sin recibir atención médica suficiente, sin medicación para atenderlos, con unas condiciones higiénicas penosas y con comida escasa y en malas condiciones, y lo que es peor aún, con falta de agua potable; todo ello, junto con la epidemia de cólera, colocaba al ejército británico en una situación grave que no era fácil de resolver.

Si para el ejército esto no era nuevo, para Gran Bretaña sí lo era, y la conciencia ciudadana se vio afectada por estas noticias, que además ponían de manifiesto las desventajas frente al ejército francés que contaban con más cirujanos y con las Hermanas de la Caridad para atender a los heridos.

Por eso, Sidney Herbert, el amigo romano de Florence, ahora Secretario de guerra, pensó en ella para resolver la situación de la guerra de Crimea, y el 15 de octubre le escribió una carta pidiéndole que organizara un cuerpo de enfermeras para ir a Escutari. Florence aceptó el reto y fue nombrada Superintendente del Cuerpo de Enfermería Femenina de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía.

Inició los preparativos para la marcha y lo verdaderamente difícil fue encontrar las 40 enfermeras previstas, pues sólo 20 acudieron 38; de ellas, unas se dedicaban a trabajar de enfermeras en los hospitales ingleses, otras eran monjas, entre las que se encontraban las más eficientes, que eran 5 hermanas de un convento católico. El 21 de octubre de 1854 salieron para Escutari.

En esta ocasión, su familia se sintió orgullosa de ella; su hermana escribiría: “es un gran y noble trabajo…uno no puede sino creer que estaba destinada para ello…”.

Era el 5 de noviembre cuando el grupo de enfermeras, con Florence al frente, llegó a los barracones donde estaba instalado el hospital de Escutari. Las descripciones que anotó sobre la impresión que le produjo el hospital desbordaban todas las previsiones que se había ido haciendo en el viaje: los enfermos no cabían y el caos y la suciedad reinaban por todas partes; el hospital era un foco de enfermedades infecciosas.

La plantilla de médicos, bajo la supervisión y el control de las autoridades militares, estaba tan burocratizada que la gestión del hospital resultaba imposible: los alimentos se perdían esperando la firma de un papel y las escasas medicinas y material de curas tardaba días en llegar y poder usarse; está circunstancia provocó el enfrentamiento de Florence con los oficiales médicos y con el embajador inglés en Constantinopla que no atendía las quejas que le llegaban.

Las enfermeras se vieron obligadas a aceptar el reglamento militar, y Florence, ignorada por los médicos, procuró ajustarse a él, dando instrucciones severas a sus enfermeras en este sentido; por eso, en un primer momento, se dedicó tan sólo a organizar la cocina, y su intervención junto a los enfermos consistía únicamente en darles de comer, pero previa autorización firmada por los médicos.

Sin embargo, la llegada masiva de soldados ingleses heridos y enfermos al hospital hizo cambiar la situación, y los médicos no tuvieron más remedio que pedir y aceptar la ayuda de Florence. El carácter de determinación que la había llevado a ser por fin enfermera le sirvió ahora para ir haciéndose con el control de la organización del hospital, incluso consiguió que los suministros no tuviesen que seguir los trámites burocráticos militares, y abordo las obras de restauración de un ala del hospital que había sido destruida por el fuego. Sin embrago, la situación era tan caótica que las mejoras eran insuficientes y lentas.

A pesar de las mejoras que consiguió, la mortalidad seguía siendo altísima y se agravó como consecuencia de una nueva crisis epidémica que costó la vida a 4 cirujanos, 3 enfermeras y, por supuesto, a centenares de soldados. Estas noticias llegaron a la opinión pública inglesa, y el Gobierno se vio forzado a mandar una comisión sanitaria a Crimea para que investigase la situación.

Esta comisión propugnó cambios drásticos en el hospital, aun a riesgo de poner en peligro la vida de los enfermos, pero el jefe de la comisión fue nombrado oficial médico del hospital, aunque luego sería reprendido por su actuación.

El grupo de enfermeras, con Florence a la cabeza, realizó una labor importante en el hospital de Barraca; los cuidados a los enfermos las ocupaban las 24 horas del día, por lo que Florence organizó turnos para cuidarlos, aunque ella se encargaba de supervisar el trabajo tanto de día como de noche; de ahí que se la conozca como “la dama de la lámpara”.

Una vez controlado el trabajo en este hospital, su proyecto fue organizar los otros hospitales ingleses de crimea, pero una enfermedad, “la fiebre de Crimea”, puso en gran riesgo su vida y la obligó a quedarse en cama; pasada la gravedad y aunque tenía que seguir guardando reposo, empezó a escribir informes y a controlar de nuevo la situación. Su capacidad de trabajo, junto con su firmeza de carácter que la hacía imperturbable, le granjearon enemistades, principalmente entre las propias enfermeras, quienes se quejaban de sentirse siempre acosadas para trabajar cada vez más. Tanto su vocación por el trabajo como esta enfermedad la acompañarán el resto de su vida.

La opinión pública inglesa había encontrado una heroína en Florence y ya desde entonces su imagen empezó a idealizarse; todo tipo de objetos que evocaban su persona empezaron a venderse en Gran Bretaña, así como libros que contaban una biografía irreal y poemas que la ensalzaban (no olvidemos que el Romanticismo estaba en pleno apogeo); incluso a un caballo de carreras se le pondría su nombre. El pueblo inglés, que intentaba así contrarrestar los desastres de las noticias de la guerra, enterado de la enfermedad de Florence, hizo una suscripción popular para mandarle un regalo, pero la cantidad recaudada superó todas las previsiones, por lo que el dinero se destinaría para constituir la Fundación Nightingale, para establecer un centro destinado a la enseñanza de las enfermeras.

Florence recibió una carta de su madre dándole la noticia y comentando lo orgullosa que se sentía de ella. Florence le contestaría: “Mi reputación no ha sido una bendición en mi carrera, pero si tú estás contenta eso es bastante…”.

Mientras tanto, en Escutari la situación era complicada. El Dr. Hall, jefe de la plantilla de médicos, recibió un informe del jefe de suministros en el que acusaba a Florence de insubordinación y a las enfermeras de deshonestidad, desobediencia, extravagancia, inmoralidad e ineficacia. Esto provocó una polémica entre defensores y detractores de su labor, por lo que el Gobierno se vio forzado a intervenir nombrando una comisión investigadora dentro del servicio de abastecimiento del Ejercito británico de crimea. Esta comisión dio la razón a Florence. El 16 de marzo de 1856, el Gobierno inglés hizo pública una nota en la que decía: “la señorita Nightingale es reconocida por el Gobierno de su Majestad como Superintendente General del Establecimiento de Enfermería Femenina de los hospitales militares del Ejército”.

El 30 de marzo de 1856 se firmó el tratado que ponía fin a la guerra, y cuando todos los pacientes fueron evacuados, Florence volvió a Londres: corría el mes de agosto.

Londres: una nueva visión

La guerra había terminado, pero su misión no. Nuevos planteamientos ocuparían ahora su vida y, a pesar de su enfermedad, muchos años de trabajo la esperaban.

Durante los primeros meses de su estancia en Londres y para apartarse de la gente que la hacía sentirse abrumada, se dedicó a reflexionar sobre su estancia en Crimea y a sacar conclusiones.

Varias cuestiones hay que destacar en este sentido: en primer lugar, la necesidad de formar a las enfermeras; pero sin lugar a dudas también el cambio que había que hacer en los hospitales ingleses, tanto militares como civiles, no sólo en lo relacionado con los cuidados que recibían los enfermos, sino también en el sistema de gestionarlos, en los fondos económicos de los que había que dotarlos, en su propia estructura física, en el sistema de funcionamiento de la cocina, en la dotación del material, etc.; sus pretensiones de reforma alcanzaban a todo el Ejército en sí; otro aspecto a señalar es el respeto y admiración que la clase médica le merecía después de haberles visto trabajar en Escutari, durante tantas horas seguidas y con medios tan precarios, y esto a pesar de los muchos roces que había tenido con ellos. Todas estas reflexiones que se había hecho tuvo ocasión de contárselas a la reina Victoria y al príncipe Alberto, que en septiembre 22 de ese mismo año la recibieron en su castillo de Escocia; la reina escribiría a su comandante en jefe: “ojalá la tuviésemos en el Ministerio de la Guerra…”

Tras una propuesta hecha al Parlamento británico, en mayo de 1857 se constituyó una comisión que empezó a trabajar sobre la manera de abordar la reforma de la Sanidad Militar inglesa. Florence escribió un informe: “notas sobre asuntos que afectan a la salud, eficiencia y administración de los hospitales del Ejército inglés.” En este informe, el planteamiento estaba basado en una concepción, entonces revolucionaria, de la prevención como método de evitar la morbilidad y la mortalidad.

Encontró una oposición importante tanto por parte de los médicos como de los políticos, que se negaban a admitir esos nuevos criterios a pesar de que sus datos corroboraban las importancia de sus planteamientos. Una frase se hizo famosa entre los ingleses y los partidarios de Florence, la utilizaban como emblema de su posición: “nuestros soldados se enrolan para morir en los cuarteles…”.

Aunque su victoria no fue completa ni inmediata, empezaron los cambios; primero fueron en los cuarteles, donde en 3 años se redujo a la mitad el porcentaje de muertes; en la Sanidad Militar tardarían más.

La enfermedad contraída en Crimea la hacía sentirse cada vez peor, por lo que se apartó de la vida pública, pero su actividad intelectual seguía intacta; en 1859 publicó su libro titulado Notas sobre hospitales, en el que insistía en sus planteamientos anteriores y hacía hincapié en la necesidad de ventilar y limpiar adecuadamente las dependencias para reducir la tasa de mortalidad hospitalaria.

La publicación de esta obra hizo que de muchos hospitales de muy diversas zonas le pidiesen consejo y pronto se empezaron a cambiar los planteamientos en gran parte del continente y de las colonias inglesas.

Uno de los hospitales para el que pidieron consejo Florence fue el de Santo Tomás de Londres, en fase de construcción, circunstancia que hizo que pensara en él como lugar idóneo para establecer allí una Escuela de Enfermeras. Mientras se llevaban a cabo las negociaciones, escribió un libro destinado a las “amas de casa” y que obtuvo un éxito importante: se trataba de Notas sobre enfermería. Este libro, que en realidad sólo contiene cuestiones básicas sobre higiene, tuvo la habilidad de escribirlo adornándolo de escenas que recogían el sufrimiento humano, por lo que se convirtió en una especie de “catecismo” para las mujeres, a las qua habitualmente se les decía: “no se requiere nada más que un desengaño amoroso, o incapacidad en otras cosas, para que una mujer sea una buena enfermera…”. Florence, en esta obra, intenta desterrar esta idea que los hombres habían inculcado en la mentalidad femenina y en general en la sociedad.

Primera Escuela de Enfermeras

Sin embargo, no bastaba con un libro, que además no iban a leer los hombres, para que la visión sobre las enfermeras cambiase; por eso, sus esfuerzos se centraron en la obra que proyectaba: crear una escuela para enfermeras. Tardó 6 meses, desde que publicó Notas sobre enfermería, en abrir, en el hospital de Santo Tomás, la primera Escuela de Enfermería.

En 1860, 15 alumnas empezarán por primera vez los estudios en una Escuela de Enfermeras.

Esta primera promoción se encargará de enseñar a las alumnas que en los cursos sucesivos entren en la escuela, y su misión será llevar a cabo las ambiciosas tareas de Florence Nightingale se había marcado

Para conseguir estas metas, al frente de la escuela estaba la Sra. Androper, una mujer plenamente de acuerdo con las ideas de Florence y con el modelo de Kaiserswerth que se quería seguir.

Para acceder a los estudios de enfermería, se efectuaba una selección muy rigurosa y las referencias a las cualidades morales y al carácter tenían un peso importante en la decisión final.

El estudio se realizaba en régimen de internado y las disciplina era muy estricta; llevaban un uniforme sencillo, pero se les exigía que estuviese siempre limpio y planchado. Los estudios duraban un año, aunque durante 2 años debían completar realizando prácticas en el hospital.

La escuela fue un éxito y pronto las solicitudes para acceder a los estudios eran muchas más de las que el centro podía admitir. Las “enfermeras Nightingale” eran solicitadas desde todo el país; en 1867, se mandó un grupo de estas enfermeras a Sydney, y pocos años después, en 1880, las enfermeras de los grandes hospitales de las islas Británicas, Canadá, Alemania, Suecia y Estados Unidos, se habían formado en le Escuela Nightingale.

Muy pronto, otras escuelas, según este modelo, empezarán a funcionar en el resto de Europa y América

Quizá fue ésta, de entre todas las misiones emprendidas por Florence Nightingale, la que más rápidamente consolidó y la que menos preocupaciones le proporcionó.

Otros proyectos

Los acontecimientos de su vida habían ido marcando el carácter de Florence, que ya en su primer trabajo, en la calle Harley, había dado muestras de frialdad y distanciamiento, y ahora, con una enfermedad que la mantenía en una butaca la mayor parte de las horas del día, estos rasgos iban acentuándose. La muerte de su amigo y compañero de trabajo, Sydney Herbert, acrecentó estos rasgos, además de sumirla en una profunda depresión, y desde entonces, se encerró en su casa, recibía escasas visitas, pues se quejaba de que la interrumpían, y se concentró más en su trabajo. Un amigo suyo describió su forma de vida como: “el sistema de trabajo solitario de Florence…”

Su conocimiento de las cuestiones sanitarias habían hecho de ella una experta y como tal era consultada por los políticos. Redactó informes, escribió proyectos de reforma, instrucciones, etc.; una petición de un proyecto de reforma del Ejército británico de la India la mantendría ocupada durante unos meses; también participó activamente en la reforma de los hospicios, en los que las enfermeras de Nightingale, trabajando por primera vez en un establecimiento de este tipo (en el hospicio de Liverpool), tuvieron ocasiones de demostrar su competencia 24 al mejorar ostensiblemente las condiciones de vida de los pobres, disminuyendo las tasas de mortalidad. En Inglaterra victoriana también se “encerraba” a los pobres; los planteamientos eran que si un establecimiento de acogida de pobres era lo suficientemente desagradable y terrible, los ciudadanos se esforzarían en trabajar y no se encontrarían en situación de indigencia (era la nueva mentalidad utilitaria del trabajo, propugnada por la sociedad liberal).

Tras la muerte de su padre, en 1874, tuvo que hacerse cargo otra vez de los asuntos familiares, pero a pesar de ello siguió trabajando. A los 73 años preparó una conferencia para ser leída en Estados Unidos en la “Exhibición de Chicago del trabajo de las mujeres”; dicha conferencia se titulaba: La enfermería de la enfermedad y de la salud.

Los contenidos y el propio título de esta ponencia subrayan la evolución de sus planteamientos en relación con la enfermería, en un principio de marcado carácter hospitalario, para evolucionar más tarde hacia una visión más centrada en los servicios que las enfermeras podían realizar en la comunidad, para lo cual insistía en la necesidad de una formación altamente cualificada; solía decirles a los estudiantes: “…no penséis que hacéis algo útil como enfermeras hasta que, saliendo del hospital, vayáis al domicilio de los enfermos…”.

A medida que pasaban los años, aunque seguía trabajando, su carácter se fue dulcificando y su sentimiento de muerte inminente se hizo menos preocupante.

En 1895 escribió: “He perdido mucho con los fracasos y las desilusiones, también con el dolor, pero la vida es más preciosa para mí ahora, en mi vejez…, hay tanto por lo que vivir…”.

En 1901 perdió la vista, y en 1906, los empleados de su casa informaron al Ministerio de la India que no le enviasen más documentos para trabajar a causa de su avanzada edad. En 1907, el rey Eduardo VII le concedió la Orden del Mérito, y en 1909, el Gobierno dictó la Ley de Pobres, según las recomendaciones de Florence. En 1910, en Nueva York, se celebró el Jubileo de la Escuela de Enfermería Nightingale, pues para entonces, más de

1.000 escuelas funcionaban ya en América.

Ese mismo año, 1910, falleció a los 90 años.

Repercusiones de su obra

Hemos ido viendo la magnitud de sus inquietudes y de su obra; sin embargo, y a modo de resumen, es necesario hacer unas conclusiones.

La principal de sus aportaciones, al menos desde nuestra perspectiva de enfermeras, es sin duda la reforma de la enfermería.

La creación de la primera Escuela de Enfermeras del mundo tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de la enfermería profesional, tanto es así que es precisamente a partir de este momento cuando empezaremos a hablar de la profesión de Enfermería, y aunque el recorrido por el siglo XX sea difícil y esté lleno de pasos indecisos, una cosa ya no cambiará: es el reconocimiento social que, tras la obra de Nightingale, el trabajo de las enfermeras adquirió.

La forma en la que ella entendía la enfermería puede apreciarse claramente analizando la definición que hizo:

“Enfermería es algo más que administrar medicinas y cataplasmas, debe ser hacer un uso adecuado del aire, luz, calor, higiene, reposo y de una adecuada relación y administración de la dieta, todo ello con la menor pérdida de energía por parte del enfermo. Es poner al enfermo en las mejores condiciones para que la naturaleza actúe.”

El análisis que hoy en día podemos hacer del tipo de enfermera que ella propugnaba puede presentar distintos enfoques, pero es necesario tener en cuenta la perspectiva histórica para que el juicio que realicemos sea lo más aséptico posible. La coyuntura del momento en que se desarrolla la vida de Flrence Nightingale, y que he intentado reflejar, en un condicionante que no podemos olvidar a la hora de enjuiciar su obra.

Una enfermera en la que priman las “cualidades morales”, con un espíritu “paternalista” en su educación y su trabajo, con una “sumisión” total hacia el médico, con unos planteamientos de enseñanza enfocados más a la práctica que a la teoría, una orientación preferente a la higiene y a la alimentación, que como recoge en su obra se basaba en la frase “poner al enfermo en las mejores condiciones para que la naturaleza actúe…”, son todas cuestiones que hoy podríamos criticar con facilidad.

No creo que debamos hacerlo, al menos sin tener en cuenta cómo era la sociedad en su conjunto en esa época. Una cosa es que ahora propugnemos un tipo de enfermera diferente, lógicamente en la línea de los tiempos en que vivimos, y otra cosa es pensar que en 1860 los enfoques podían haber sido otros…, quizá así, pero igual no habría conseguido lo que consiguió.

Otras repercusiones, como ya hemos visto, son los cambios: primero en las propias condiciones del ejército británico y en la sanidad militar y más tarde en los hospitales civiles; también la reforma de los hospicios merece un lugar destacado, así como la influencia de sus ideas en William Rathbone (a quien se considera el precursor de la enfermería de salud pública); pero además de estas cuestiones, existen otras repercusiones indirectas de su obra; de las que aún no hemos hablado; en este sentido no podemos dejar de mencionar cómo su ejemplo con los hospitales y los enfermos de Crimea influyó decisivamente en Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, quien al parecer también mantuvo correspondencia con Florence Nightingale, antes de levar a cabo su empresa. La influencia de Florence se dejó sentir en la creación de Escuelas de Enfermería dependientes de dicha institución y que pronto se extenderían también por todo el mundo.

Hay otros aspectos de la vida de Florence Nightingale, en lo que a mí me parece que podría ser interesante ahondar, y son sus relaciones con las sufragistas inglesas; ya hemos visto cómo esta relación existió, pero no conocemos demasiadas cosas de esa faceta. Hay que tener en cuenta que las feministas eran, cuando menos, “molestas” para la sociedad inglesa y que Florence fue considerada una heroína desde su vuelta de Crimea, y que su biografía desde un principio fue “modelada”, muy en la línea de la antigua tradición literaria que tenía carácter “ejemplificador”.

Otra cuestión de la influencia de su obra en la que merece la pena detenerse es su aportación a la estandarización de los registros en los hospitales. Esto hoy en día, nos parece que es una cuestión absolutamente novedosa; sin embargo, en 1870, Florence dio una conferencia en el IV Congreso Internacional de Estadística, y en él se refirió a la necesidad de uniformar los registros en los hospitales.

Para concluir esta visión de Florence Nightingale enfermera, es preciso referirnos a su obra como escritora, que aunque también ya lo he ido señalando, tiene gran importancia desde el punto de vista de la enfermería. Su costumbre de tomar notas, y su minuciosidad en apuntar los más mínimos detalles, le permitió no sólo demostrar en muchas ocasiones la veracidad de sus planteamientos, sino dejarnos constancia de cómo esto puede constituir una actividad imprescindible en el trabajo de las enfermeras.

Modelo propuesto por Florence Nightingale (1859)

El interés de este modelo está en el hecho de que se trata de la primera referencia escrita que describe la enfermeria como una acción profesional con una aportación propia y específica a la atención de la salud. Su autora esta considerada como la iniciadora de la enfermeria moderna.

Escribió un libro llamado “Notes of Nursing: What it is and what is not” recoge lo que concidera como principios de la practica enfermera. Entre su contenido encontramos definidos los conceptos del metaparadigma enfermero. Su conocimiento de las matemáticas y la filosofia, así como su gran sentido religioso marcan su propuesta de lo que para ella debe ser una enfermera .

Definición de los conceptos metaparadigmaticos del módelo

Persona: definida como paciente. Pese a que en algunos de sus escritos se resomienda a las enfermeras que pregunten a los enfermos sobre sus gustos, lo que hace suponer una cierta participación de estos en el proceso de cuidar, la persona para Nightingale es fundamentalmente el paciente pasivo. La persona consta de un componente físico, un componente intelectual, un componente emocional, un componente social y un componente espiritual.

Salud: definida como la ausencia de enfermedad y capacidad de utilizar plenamente los recursos. La enfermedad es considerada como un proceso reparador qu ela naturaleza instaura cuando se produce una falta de cuidado.

Entorno: Considera el entorno como el conjunto de elementos externos que afectan a la salud de las personas sanas y enfermas. En sus escritos nos muestra un interés por los aspectos sociales y emocionales que rodean al enfermo, pero no llega a desarrollar con tanta claridad, como lo hace con los factores físicos, cuál debeá ser el cuidado de dichos aspectos. Del entorno cita como elementos fundamenntales los siguientes: la ventilación, la luz, la limpieza, el calor, el ruido, la dieta y el agua.

Cuidado: se refiere a cuidar. Los ciudadanos son la aportación propia de la enfermera a la atención de la salud, desacando su relevancia en la consecución de la misma.

La manera como F. Nightingale define qué es una enfermera nos permitirá situarnos y entender el significado de su modelo.

Para Nightingale “enfermera” es un atributo propio de la mujer. Para ella ser enfermera significa tener la responsabilidad de velar por alguien, en el contexto social en el que surge su modelo esta responsabilidad recaía directa y plenamente sobre las mujeres.

Enunciados teóricos

En el modelo podemos encontrar las siguientes afirmaciones o enunciados teóricos:

-La enfermedad es un proceso reparador. Es un esfuerzo de la naturaleza por remediar un proceso de envenenamiento

o debilitación, o reacción contra las condiciones en las que se encuentra la pesona.

-El cuidado es un servicio a la humanidad que la enfermera asume y que lleva a cabo poniendo al paciente en la mejores condiciones posible spara que la naturaleza actúe sobre él impidiendo que el proceso reparador se rompa, y así hace efectivo dicho proceso devolviendo la salud al paciente.

-El paciente recibe la influencia de la enfermera pero es un ser pasivo en lo que se refiere al proceso de cuidar .

-La enfermera deberá tener una formación formal y, además de actuar utilizando el sentido común, deberá hacer uso de la perseverancia, la observación y la habilidad.

Clasificación

El modelo de F. Nightingale es un modelo que refleja el paradigma de categorización que no parec estar incluido en ninguna escuela, puesto que se considera como la primera concepción escrita de la disciplina enfermera. Se considera como una filosofía y se engloba en las tendencias ecologistas y naturalista.

El modelo de F. Nightingale fue, hasta los años 50, en el que aparecen nuevos modelos, el referente para la formación de la enfermeras en el Reino Unido, Canadá y EE.UU. Actualmente, el modelo carece de valor práctico para nosotros. Su valor es fundamentalmente sentimental, por cuanto que fue el fundamento de la disciplina enfermera.

La Cruz Roja

Historia y orígenes de la Cruz Roja

El fundador de esta Institución Internacional y emblemática fue Henry Dunant, quien nació el 8 de mayo, en Suiza, en la ciudad de Ginebra. Dedicado a los negocios, un proyecto de creación de fábricas de harinas en Argelia lo lleva, el 24 de junio de 1859, muy cerca del Solferino, en el norte de Italia, en el mismo día que el ejército austriaco se enfrenta con el francés y el piamontés.

Esa misma noche, hay 40.000 muertos y heridos tendidos en total confusión en el campo de batalla. Allí observó cómo los heridos quedaban desatendidos y morían por falta de asistencia, ya que los servicios sanitarios militares eran casi inexistentes.

Ayudado por las mujeres de los pueblos cercanos, se esfuerza por socorrer a los heridos sin distinción de uniforme ni de nacionalidad, viendo en ellos sólo hombres que necesitan ayuda.

Impresionado por este hecho plasmó sus impresiones en el libro “Recuerdo de Solferino”, donde concibe la idea de crear sociedades de socorro en tiempo de paz “…cuya finalidad será cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente cualificados para el trabajo…”. Esta idea fue recogida por un grupo de cuatro ciudadanos suizos pertenecientes a la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública, que junto a Dunant fue conocido más adelante como “Comité de los Cinco”: Moynier, Dufour, Appia y Maunoir. Este comité fue quien impulsó las ideas de Dunant y dio origen en 1863 al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Este Comité, con el apoyo del Gobierno suizo, logra organizar una conferencia diplomática el 8 de agosto de 1864, en Ginebra, en donde participan 24 representantes de 16 países europeos y observadores de los Estados Unidos obteniendo los siguientes resultados: La firma por doce Estados del primer Convenio de Ginebra para proteger a los militares heridos en campaña donde se contempla:

-
Proteger a los militares heridos en campaña.
-
La neutralización y protección del personal sanitario, así como de los hospitales militares.
-
La Cruz Roja sobre fondo blanco como símbolo protector.

-El establecimiento de un Comité permanente que se denominó Comité Internacional de la Cruz Roja (C.I.C.R.).

- Promoción de Sociedades de Socorro.

Hasta entonces, guerra y derecho eran considerados como adversarios irreconciliables. Sin embargo, este convenio viene a demostrar que el derecho tiene poder de acción hasta en la guerra y que, en ciertas cuestiones, puede marcar el comportamiento en los combates.

El Movimiento Internacional que nació para paliar el sufrimiento en los campos de batalla, pronto adquirió el compromiso de prevenir y paliar el sufrimiento en todo momento y lugar. Esto ha provocado una evolución que podemos dividir en tres etapas:

1. Acción humanitaria hacia las víctimas de los conflictos bélicos.

-Derecho Internacional Humanitario.

-Mediación.

-Asistencia a prisioneros y refugiados.

-Acción humanitaria hacia las víctimas de desastres naturales y de otro tipo en tiempo de paz.

-Derecho Internacional Humanitario.

- Prevenir y aliviar.

2. Salud.

-Acción ante desastres.

-Socorros (ayuda en carretera, etc.)

-Acción preventiva y en favor del Bienestar Social y de la calidad de vida.

3. Acción social.

-Cooperación al desarrollo.

-Acciones en pro de la paz.

-Defensa de los Derechos Humanos.

-Medio ambiente.

La aparición de una nueva etapa no supone la desaparición de la anterior, sino que se suma a esta. Por ello, en la actualidad se mantienen estas formas de acción, a las que en un futuro seguramente se unirán otras.

La Convención de Ginebra

Desarrollar un proyecto de ayuda a las victimas en la batalla, solo era viable si sé hacia bajo un consenso internacional. De nada servia, que solamente uno de los dos bandos en conflicto respetara ciertas normas de respeto por las victimas, si el otro no lo hacia.

Para alcanzar este consenso, “el comité de los cinco”, organizo en Ginebra en 1863, una conferencia internacional, a la que acudieron representantes de 16 países. Durante esta conferencia, se redactaron los bocetos de las primeras normas de atención que se debían prestar a los soldados heridos. Estas primeras directrices debían ser estudiadas mas tarde por los gobiernos de los países asistentes. También durante la conferencia internacional de Ginebra se adopto la cruz roja sobre fondo blanco como símbolo de neutralidad, y que se utilizaría sobre ambulancias de guerra, hospitales de campaña, personal medico, voluntarios… para evitar que estos fuesen atacados.

Un año mas tarde, en la segunda conferencia de ginebra, 12 de los 16 países, firmaban el primer acuerdo internacional para la guerra. Este acuerdo incluya 10 artículos sobre el trato que debían de recibir los heridos durante la guerra. Estos 12 países iniciales eran todos países europeos y cristianos, donde ya se estaban comenzando a desarrollar las “organizaciones nacionales”, que en principio se ocupaba de los problemas de su propio país. Era la primera Convención de Ginebra.

Los dudosos:

La aparición de la Cruz Roja, resulto para muchos extraño: ¿Cómo se podían plantear normas durante la guerra “como si fuese un juego”?.

Por un lado, los pacifistas, estaban mas por la labor de acabar con los conflictos bélicos.Por otro lado, los militares, sospechaban que el uso de la cruz roja como símbolo de neutralidad podía terminar utilizándose como mascara para espías, edificios militares, arsenales, falsas ambulancias cargadas de soldados dispuestos a entrar en acción…..

También, la posibilidad de que el gobierno de un país en guerra, fuese tomado por los militares, y por tanto la Organización, que por otra parte si necesitaba de la aprobación del gobierno de su país, quedase bajo el mando de los militares, planteaba ciertos recelos, incluso entre los países firmantes. Para evitar esto, la Cruz Roja debía mantener cierta independencia.

La primera prueba: la guerra franco-prusiana

La guerra Francia y Prusiana de 1870, fue la primera prueba para la cruz roja. Ambos países eran firmantes de la Convención de Ginebra y tenían su organización internacional de la Cruz Roja. El alto contraste entre la alta preparación del ejercito Prusiano y su Cruz Roja, con la mala preparación del ejercito Francés y la Cruz Roja francesa, fue decisivo en el desarrollo de los acontecimientos. La Organización francesa tuvo que aceptar cualquiera que se presentase como voluntario. Ya en el campo de batalla, al ejercito francés se olvido colocar el distintivo sobre sus ambulancias, hospitales… al igual que tampoco explico a sus soldados el significado del brazalete con la cruz roja que portaban los equipos médicos prusianos. La historia oficial de la cruz roja cuenta que se cometieron infracciones de la convención de 1864 por ambos bandos, aunque especialmente por el bando francés: Espías que utilizando el brazalete se adentraban en el campo enemigo, militares que escapaban “escondidos” bajo el emblema de la cruz roja, ladrones que se camuflaban con el emblema para poder robar a los heridos en el campo de batalla…

El fracaso había sido doble: no solamente no se habían evitado los sufrimientos a los heridos, y tampoco se habían respetados los emblemas, llegando a ser estos utilizados para hacer mas cruel la guerra.

Los desaparecidos

En Basilea, Suiza, la cruz roja puso al servicio de la población un nuevo recurso: la posibilidad de obtener información acerca del estado en el que se encontraban los soldados desaparecidos.

Durante la Guerra Franco-prusiana, la cruz roja había obtenido listas de prisioneros de ambos bandos, que intercambio entre si, para que los familiares de los combatientes, pudieran conocer el estado en el que se encontraban estos. También se estableció un correo. Actividad que recuperaría ya en el siglo XX

La adhesión de estados Unidos

La norteamericana Clara Barton, que vivió una situación de conmoción similar a la de Henry Dunat, durante la guerra civil americana de 1861, organizo la financiación y la coordinación de la ayuda sanitaria para el campo de batalla, viajando a diferentes focos de la guerra, para ayudar a los soldados heridos durante esta. Mas tarde, al finalizar la guerra, redacto un registro donde constaba el lugar donde se encontraban enterrados los soldados muertos durante la guerra.

En un viaje a Europa en 1869, Clara Burton conoció la existencia de la Cruz Roja, una organización dedicada a la ayuda durante la guerra. Era su proyecto individual llevado a un plano internacional. Ofreció su ayuda a la Cruz roja internacional y colaboro activamente durante la guerra Franco-prusiana.

En 1873 Clara Burton regresa a Estados unidos, decidida a fundar allí una sede de la Cruz Roja, labor que le llevaría 32 mas de 8 años conseguir. En 1881 finalmente se funda la Cruz Roja Americana, de la que Clara Burton, seria la primera presidenta, un año mas tarde los Estados Unidos de América, firmaban la convención de Ginebra. La Cruz Roja, acababa de dar un paso muy importante al establecerse fuera de los limites de Europa.

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